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Thursday, March 12, 2009

Fresh start

Several months have passed since the last time I wrote something...

Things have changed in a way I desire for so long, though I thought impossible...

It's time to write the new stories...
It's time for a fresh start...



Sunday, October 26, 2008

:: Loneliness and love ::

Last night I fell asleep thinking about love...
...well, to be honest, it was more about the lack of it and wasn't only last night...
The thing is that somehow I feel I need to fall in love, but some part of me doesn't want to. I'm afraid I'm getting used to loneliness, which is much worse than just being alone. I mean, it'd be sad to wake up one day thinking love is worthless and feeling incapable of expressing that which dwell deep into my soul. So I guess that should at least explain why being in love is so urgent, but what about the rest?
For some time I've chosen to be "sad and alone", and it'd be fine if anyone ask why the Hell I've done that. Well, it's maybe 'cause I've seen and lived more sadness around love. Beside, with some really lucky exceptions, every day that passes I'm feeling more and more disappointed of women. I know, I know, there's not such thing as the perfect woman, but could any of them at least try. And knowing I'm not the only man in history who has though about that, here are some lines of Gustavo Adolfo Bécquer (sorry for the translation, but you'll get the point)...
- I'm sexy, I'm brunet,
I'm the symbol of passion;
of pleasure's desire my soul is filled.
Are you searching for me? - It's not you; no.
- My skin is pale, my braids are golden;
I could give you endless hapiness;
I keep of tenderness a treasure.
Are you calling for me? - No; it's not you.
- I'm a dream, an impossible,
vain ghost of mist and light;
I'm incorporeal, I'm untochable;
I can't love you. - Oh, come; you come.
So I think I'll wait, at least for a little longer. There should be someone, there must be someone...

Sunday, September 07, 2008

"Niño conoce a niña..."

Mientras le comentaba sobre una de las distracciones que mora en mi mente por estos días, miss Herborn se mostró sorprendida con el uso del término infatuación en la descripción y es que, como confesara mi querida amiga, nunca lo había oído en español. Emulando su sinceridad debo aclarar que no fue hasta consultar un polvoriento diccionario que descubrí no sólo su existencia en la lengua castellana, sino también las discrepancias con la acepción que ambos conocíamos del inglés. En el idioma en que ahora escribo su significado se vincula a la soberbia y la vanidad, mientras que la anglosajona infatuation hace referencia a un encaprichamiento, a dejarse embobar los sentidos. Pero más allá de los cuestionamientos lingüísticos, la pequeña Freckles sabía que mi más reciente historia trataba sobre un juego de primeras impresiones y posteriores encaprichamientos.







Puede resultar bastante tediosa esta introducción, pero necesaria para contextualizar correctamente los hechos y evitar convertir las presentes líneas en otro de esos relatos en que "niño conoce a niña, niño gusta de niña" porque bien sé que la cosa no funciona así, cuestionándome siempre cómo es que se puede sentir algo trascendente hacia alguien que sólo has visto una vez. De más está entonces decir que la honestidad me obliga a definir la trama de esta historia como "niño conoce a niña, niño se distrae pensando en niña".








Todo este asunto tuvo su escenario el domingo de la semana pasada, cuando la reciente operación de mi madre (increíble pero cierto, tengo madre) motivó la visita de algunas de sus menopáusicas y postmenopáusicas amigas, amenazando que mi panorama dominguero de fútbol y relajo podría convertirse en un aburrido aquelarre. Ante el oscuro pronóstico opté por hacer sólo lo justo, preparar la mesa para el almuerzo de las visitas, y luego me dejé caer sobre un sillón con una calafate en la mano para ver el enfrentamiento entre Universidad de Chile y Provincial Osorno. El cotejo fue bastante sufrido, por lo que resultó bastante grato que las "jovencitas", a quienes desvergonzadamente di la espalda durante todo el partido, no hicieran comentarios seudofeministas sobre mi opción programática o mi estereotipada postura frente al televisor.








Tras el final del cotejo, que culminó con una apretada victoria azul, me dispuse a levantar la mesa y servir el correspondiente café que esperaba animara la sobremesa. Grande fue mi sorpresa al encontrarme en la cocina con una de las mujeres que había llegado a invadir mi domingo casi dos horas antes, pero que desde luego ni siquiera había visto ante mi preocupación por el fútbol. Mi desordenada mente ya preparaba la clásica "pick up line", pero alcancé a recordar el contexto en que nos encontrábamos y sólo dejé escapar un amable 'no te preocupes, yo me encargo de la mesa'. Bastó ese pasajero encuentro para decidirme a agudizar mis sentidos ante lo que sucedía a mi alrededor, averiguando que la veinteañera que me ayudaba en la cocina a pesar de mi negativa era hija de una amiga de juventud de mi padre (claro, también tengo padre).








Pero como ando poco jote, finalmente me puse a wiiar -o sea, jugar Wii- para evitar miradas incómodas y comentarios malintencionados de los "adultos" presentes. Sin embargo, una hora después me encontraba mirándola a los ojos, sudando y respirando agitados ambos... por haber estado jugando con la consola, desde luego, no sean malpensados.








Los comentarios malintencionados y desubicados llegaron de todas formas, como si fuera poco de parte de las madres de ambos que estaban sentadas en un sillón justo a nuestras espaldas. Comenzaron a llover los 'mi hijo no quiere pololear', más de un 'mi hija casi no sale' y un directísimo 'hijo, podrías invitar a la Coni cuando vengan los amigos de tu hermano' (todos con sus respectivas parejas, por supuesto). El remate vendría cuando vetustas y veinteañera se retiraban, con una desleal solicitud a la madre de Coni para que se quedara "cuidando a su bebé" de boca de quien otra que mi progenitora. Desde luego ella sólo "bromeaba".








Estos hechos, así como la cercanía de los asados con amigos del "18" y de la maldita primavera me hacen permanecer "al aguaite" ante la posible continuación de esta historia. En una de esas Coni responderá al desafío que le lancé antes de su partida, medio en serio medio en broma, de demostrar que existe una mujer por la que valdría la pena luchar.









Wednesday, August 13, 2008

Mellon Collie & the Infinite Sadness


Soy una persona de piel y pocos siquiera lo sospechan...


Quizás con eso se pueda explicar, al menos en parte, lo que me está sucediendo en las últimas semanas. Más allá del cúmulo de malas noticias que han llegado -dicen que llegan todas juntas-, hace casi un mes que ando extraño, más apático que de costumbre, un estado que Nissa describe como mi periodo y que, según ella, me viene por estaciones con excepción del otoño. El hecho es que sin importar si ando huraño, triste o exaltado, durante estos "periodos" es cuando más necesito del contacto humano. Como diría Burro (de Shrek) 'necesito que me apapachen' y con extrema urgencia.


Si bien existen personas como Nissa que se dan cuenta e incluso tienen el tiempo de filosofar al respecto, la mayor parte de mi ambiente parece optar por evitarme. Se imaginan quizás que cualquier movimiento de su parte sea respondido con una tarazcón, cuando en realidad no muerdo (fuerte). Bueno, volviendo a la seriedad del post, pocos son los capaces de proyectarse más allá de las malas caras y pensar que quizás un gesto, un abrazo, una caricia son algo que necesito en exceso mientras dura esta sensación. Después de todo, mi rostro más que nunca es capaz de reflejar la soledad a la que me niego a acostumbrarme.


Por ahora debo enfrentarme a la realidad de mi hermetismo y de vivir en un mundo en que no importa más que lo superficial. Ojalá existieran más personas sensibles, pero por el momento habrá que conformarse con lo que hay.

Wednesday, March 12, 2008

En busca de un recuerdo

Les ha pasado alguna vez que recuerdan de pronto a una persona y luego pasan días sin que puedan sacarla de su cabeza. No me refiero, desde luego, a cuando están involucrados sentimientos intensos, sino a aquellas ocasiones en que la casualidad trae de vuelta un nombre que no han escuchado en mucho tiempo y la curiosidad te impide olvidarlo así como así, por lo que te sientes invadido a cada instante por el ¿y qué será de...? Bueno, es obvio que mientras escribo anda dando vueltas en mi mente el recuerdo de alguien, de una mujer para ser exacto, y me gustaría saber qué será de Marité.


Hace algunos días, mientras hablaba por teléfono con la Negra, surgió el nombre que escuché por vez primera poco más de una década atrás. Al tiempo que coincidíamos en que era necesario que nos juntáramos para ponernos al corriente, la Fran mencionó que había sido invitada a una suerte de reunión que congregaría a sus compañeras de cuarto medio y era la "chica Rocco" una de las principales organizadoras. Como es su costumbre, pronunció el nombre Marité con su qué, pero en esta ocasión sí ha logrado quitarme el sueño al hacerlo.


Como esto viene con un breve relato, parto por decir que fue precisamente en la parcela de la Fran donde conocí a María Teresa Rocco, en una fiesta de fin de año donde mi amiga fue una anfitriona casi obligada, por lo que mi presencia debía ser un consuelo para ella. Y digo debía ser porque ya en la cancha las cosas tomaron otro rumbo.


Tal como se ha hecho costumbre, llegué temprano al lugar para ver si mi querida amiga necesitaba ayuda afinando los detalles para la fiesta y así hizo también Marité, ya que su hermano era el dj de turno. Y como era de esperarse comenzamos a hablar, en un primer momento con preguntas sobre uno de mis compañeros de curso que lo había sido antes de su hermano, para luego plantearnos temas más personales y también trascendentales al ritmo de las melodías de moda (como 'El venao' y 'Se a vida é').


Tal como comenté, finalmente no cumplí con el objetivo de apoyar a la Fran porque, para ser sinceros, casi ni nos vimos. Esto es lo que ha causado que hasta el día de hoy me molesté con su ex-compañera, instancia que casi puedo catalogar como celos al ver que la atención de su amigo se fuera hacia una persona que para ella, extrañamente, no fuera la apropiada. Lo cierto es que hasta el día de hoy no sólo soy objeto de comentarios incómodos de parte de la Negra, sino también de su madre, quien de algún modo siento que esperaba algo más de nuestra amistad al hacer comentarios con su familia del tipo es un amor o es tan caballero.


Bueno, pero de la Fran volveré a hablar después de nuestra próxima reunión. Ahora retomo el tema -o mejor dicho, la mujer- que me ha traído frente al computador.


De las siguientes semanas pasé uno o dos días de cada una de ellas visitando San Bernardo, un lugar que aunque esté relativamente próximo a mi casa santiaguina, hasta el día de hoy carece de locomoción directa (pareciese que lo importante es sólo llegar al centro de Santiasco). Es obvio que lo hacía para reunirme con Marité, quien a pesar de la brevedad de su estatura había logrado conquistarme con su carácter. Fue así como pasamos tardes enteras -que desafortunadamente se convertían con rapidez en noches- hablando sobre temas nimios y profundos por igual. De cuestionarnos la sexualidad de Lucio Dalla, intérprete de la olvidada 'Atenti al lupo', pasábamos con prontitud a hablar sobre pasado, presente y futuro. En mi memoria aún deambulan los recuerdos de las despedidas cuando su madre bajaba del bus en Avenida Colón, sus comentarios incómodos por la relación que alguna vez tuve con una de sus compañeras e incluso sus intentos por llamar mi atención al quejarse por no tener tanto busto como caderas, y bien digo intentos porque la atención ya la tenía.


Pero claro, ésta es una de mis historias, así que debe terminar con un momento de separación. Los constantes viajes a San Bernardo agotaron por completo mis recursos económicos -que en ese entonces apenas constaban de una paupérrima mesada-, razón por la que progresivamente nos fuimos distanciando. Finalmente, al cambiarse ella de casa perdí todo contacto, ya que a pesar de seguir siendo compañera de la Fran, mi amiga no me facilitaría las cosas para retomar el contacto.


Han pasado hartos años, demasiados quizás, pero aún así me gustaría encontrarme con ella, conversar de lo que nos ha ocurrido en este tiempo, decirle que aunque hace mucho que perdió el perfume sigo guardando el oso de peluche rosado (sí, rosado) que me regaló y que su tono hace que destaque en mi habitación, pero por sobre todo anhelo que sepa que no la he olvidado, que en más de una ocasión me vienen estos lapsus en que lo único que deseo es volver el tiempo atrás para verla, para no perderla.


Mientras escribía le he enviado un correo a la Fran pidiendo que nos ponga en contacto. Espero que esta vez mi amiga sea más indulgente y le preste algo de ayuda a su Negro.

Monday, January 28, 2008

A world worth saving

Al parecer toda esa batalla que tuvimos por mucho tiempo con Josefina respecto del heroísmo y ser distinto a los demás ha llegado a su fin, o al menos a una tregua. Para aquellos que no tienen idea de lo que hablo -que debe ser la mayoría-, hago el cuento corto: como cualquier niño siempre quise ser un héroe para salvar al mundo y a diferencia de muchos no me volví un villano al crecer. Tras tantos años, y sin intención de ser mesiánico, se ha desarrollado en mí una habilidad que escasea por estos días y que irónicamente para algunos ha significado casi la existencia de un súper poder. Obviamente esta situación había generado constantes discusiones con la Jose, quien se mostraba algo excéptica con todo esto, en especial porque eso de preocuparse por los demás no sólo puede parecer poco importante sino que puede convertirse en un arma de doble filo. Sin embargo, los reparos que mi menuda amiga tenía con lo del heroísmo se desvanecieron coincidentemente el día que vimos el estreno de la segunda temporada de 'Heroes'.

Cuando terminó el programa fuimos a comer a un par de cuadras de su casa, a uno de esos sobredecorados restaurants chinos que abundan en las comunas periféricas. Mientras engullíamos los tremendos platos que llegaron a nuestra mesa, la Jose no perdió tiempo en contarme sus peripecias que rayaron en ese heroísmo que tanto me criticó. Por supuesto que no me refiero a la simpleza de escuchar un amigo (que con los amigos que tenemos requiere de harto heroísmo, la verdad), sino de estar ahí también para el resto del mundo. Y es que Josefina no sólo se conformó con escuchar y dar consejo a una pobre teenager que sufría en la micro por culpa de uno de esos ejemplares de mi género que dan ganas de golpear hasta la muerte, sino que además no dudó en lanzarse frente a un auto para rescatar a un pequeño que había sido descuidado por su madre. Para ella bastó con ser una heroína para comprender mi necesidad de ser un héroe, y es que en parte es la adrenalina que te produce ese momento o la satisfacción de sentir que has salvado una vida, un alma, un momento.


A partir de su relato y la comprensión de esto llamado "heroísmo", comenzamos una entretenida conversación sobre esas cosas de las que antes hablaba sabiendo que para ella eran completamente ajenas. Finalmente fue difícil no reconocer su punto al respecto, su crítica a cómo he abordado las cosas los últimos meses y el pesimismo que parecía quitarle sentido a mi propuesta. Después de todo, al mundo no hay que salvarlo porque sí, sino porque uno sabe que vale la pena salvarlo.

Monday, January 07, 2008

La mujer en el espejo

Como es habitual, muchas hojas de cuaderno y también días se han ido mientras intentaba darle sentido a este escrito. Eso sí, en esta ocasión los cuestionamientos poco tenían que ver con el cómo escribir centrándose más en el propósito y si acaso sería bueno hacerlo, en especial ante la posibilidad de que el tema se convirtiese en el elemento que rompiera la extraña estabilidad a la que me enfrento ya sea para bien o para mal. Motivado quizás por la semana que pasé junto al mar es que he decidido terminar de una vez este relato, cosa de aburrir una vez más a los anónimos lectores de la World Wide Web.



A modo de preámbulo debo decir que a pesar de mi apariencia serena y mi continua disposición para aconsejar a los demás en materia sentimental, por bastante tiempo me he sentido condenado a la cruel desventura de sueños destinados a romperse. La noche no ha querido irse de mi lado y tampoco es mi deseo alejarme de ella, mi fiel compañera en solitarias y angustiosas jornadas de espera que por momentos siento durarán por siempre. Con sacrificio y dolor mi misteriosa amiga ha logrado enseñarme que hay vida más allá de la rutinaria existencia en la que nos sumergimos sin siquiera pelear, sin una palabra, sin un suspiro de súplica. Sé que resulta difícil comprender esto, cómo es que alguien puede preferir la noche, pero es necesario entender que es a la luz del día que los actos de mi padre me mostraron un mundo en que el amor no es más que una serie de impulsos instintivos que por costumbre nos ligan a sólo una persona, costumbre que como todas puede perderse. Ha sido en la oscuridad de la noche que he aprendido lo contrario, que he querido optar por lo contrario.



Bueno, esta historia, como tantas otras en mi vida, inicia con la simpleza de un juego, con las miradas y la coquetería acostumbradas. Llegado el momento de recordar me doy cuenta que la oscuridad ha traído un nuevo regalo, y es que es en la noche cuando me resulta más fácil proyectar el recuerdo de las tardes en que, sin conocerla aún, anhelaba encontrarme con sus ojos capaces de conquistar el mundo, mi mundo. Pero fue a la sombra de unos árboles, en la orilla de un río junto al Cajón del Maipo que me encontré por vez primera y de manera sorpresiva frente a ella, incapaz de huir mientras la oía hablar sobre detalles de ese paisaje que el tiempo y su belleza volverían intrascedentes. Debo aclarar que en ningún caso es mi intención restar mérito a su discurso, es sólo que éste carecía del poder presente en el suave tono de su voz y en el misterio oculto en sus brillantes ojos. ¿Quién podría comparar la naturaleza de una solitaria roca junto al río con su naturaleza de mujer? ¿Quién querría preocuparse de la rugosa textura de una roca sedimentaria si se está ante la lozanía de su piel?



En mi memoria sigue habitando el miedo que me invadía cada vez que quise conocerla, el mismo miedo que siento al pensar que sus jóvenes ojos podrían recorrer estas palabras que se ha vuelto necesario escribir. Ya una vez los días crecieron en preguntas, pero ausentes de las respuestas que requiero para enfrentar mis temores. Así es como vi llegar el término de un semestre, el inicio de otro mientras en mi mente aguardaba su recuerdo en busca del momento indicado para resurgir, algo de lo que la casualidad supo encargarse. En un nuevo juego, esta vez de pool, encontré la génesis que me llevaría nuevamente frente a sus ojos, compartiendo ahora con los míos una sala de clases y con la posibilidad de conocer el nombre de la mujer que por tanto tiempo se mantuvo en el anonimato, casi como otro invento de mi activa imaginación. Sin embargo, los temores me permitieron sólo observarla desde una silenciosa distancia.



Nuevamente veía otro semestre acercándose a su fin con un ritmo agobiante, robándose la poca espontaneidad que en mí restaba y que es el principal ingrediente que necesito a la hora de convertir miradas en palabras. No podía dejarme estar, me vi presionado a actuar escudándome en razones académicas para lograr ser algo más que un mudo espectador. Aún así, por más que las piezas se movieron de forma perfecta, en el último instante vería desaparecer el tablero frente a mis ojos. El destino, eso sí, me tenía preparada una sorpresa, ya que ante la repentina cancelación de un viaje otro surgía y sus rápidos preparativos trajeron consigo el que por primera vez sintiese su voz fuera de la formalidad académica y, para inesperada satisfacción, pronunciando mi nombre (el que creía ella desconocía). Aquel encuentro trajo consigo también la calidez de un abrazo nunca imaginado, logrando que un corazón que por tanto tiempo había sobrevivido de dolor se llenase de alegría e ilusión. Al regresar de mi viaje estaba listo para enfrentar un nuevo atardecer, el inicio de una nueva noche, por lo que vi desvanecerse el temor ante el resurgimiento de mi amada espontaneidad: sin previo aviso y carente de fanfarrías llegaba la tan ansiada oportunidad de invitar a salir a la mujer de los ojos misteriosos.



Desde el día de ese nuevo encuentro mi cabeza se ha llenado de renovados cuestionamientos, algunos tan efímeros como la taza de café que me acompaña, la mayoría poderosos y profundos como el océano. Cada vez que se ha abierto la posibilidad veo como el tiempo escasea mientras la conozco y me dejo conocer, sabiendo que en el misterio de sus ojos puedo encontrar también el de los míos. Si bien hay momentos en que deseo no verla, no saber de ella, no sentirla ni lejos ni cerca, desconocer por completo su cautivante existencia, finalmente sé que es mejor saber que hay alguien como ella, alguien capaz de hacerme soñar despierto sin la necesidad de romanticismos caprichosos. Con ella, tal como conmigo, siempre debe esperarse lo inesperado, y es que en ella he encontrado mi reflejo, mi igual...



(¿continuará?)

Thursday, December 27, 2007

The Grinch (once again)


El título parece bastar, ¿no? La verdad es que la relación que tengo con estas fechas es a menudo comparable con la del verde y peludo personaje que fuera interpretado en el cine por el multifacético Jim Carrey, con excepción de las motivaciones. Mientras que el odio del Grinch hacia la navidad tiene su génesis en un trauma infantil, mi rechazo hacia esta celebración pasa por ser consecuente con mis ideas: simplemente no creo ni en cristo ni en el capitalismo, así que el 25 de diciembre es sólo un día más en el calendario. Sin embargo, para mi desgracia el mundo no se muestra muy abierto a aceptar mi honestidad ni respetar mi decisión, en especial si eso significa no recibir regalos de mi parte.


Eso es sólo el comienzo de mis problemas, y es que este año nuevamente estoy pasando una fecha que se supone uno comparte con los que más quiere -y que per sé es una fecha más- raptado por los Corleone (como si la familia importase o fuesen quienes quiero), otro más de sus gangsteriles intentos por mantener tradiciones que no tienen ni pies ni cabeza. Extrañamente me he sometido al conformismo, todo para quedarme solo y tranquilo para año nuevo, lejos de Valparaíso quizás pero también lejos de ellos. Un buen comienzo para el año entrante.


Por ahora al menos estoy sentado mirando el mar, Emilie suena en la radio (¿sólo a mí me gusta el electropop francés?) y mañana estaré lejos de "ellos"... y claro, no soy verde y peludo.

Tuesday, November 13, 2007

El tío Ben y los héroes cotidianos.

Desde aquella tarde en casa de Josefina mi mente ha girado en torno a las críticas que ella hizo ante mi futil intento por hacerla sentir mejor y alejarla de las penas que la aquejan, deteniéndome una y otra vez en la forma que usó para decirme que soy un hombre común y no el héroe que trato de ser gran parte del tiempo. Me hizo llorar, lo reconozco, tanto por ver a quien muchas veces ha sido mi sostén emocional atrapada en un problema que me resulta inexpugnable, como por lo hiriente de sus dichos, los que contrastan profundamente con otras ocasiones en que no ha dudado en defender esta extraña cualidad mía -tan absurda e innecesaria para algunos- que es buscar ser una buena persona y ayudar a los demás. Esto ha causado incluso que rehuya el contacto con ella, brindándole un apoyo lejano a través de los medios que entrega la tecnología.


Sin embargo, el pasado domingo volví a encontrar esperanza en una instancia que suele generarme el efecto contrario, como es la lectura del periódico. Ocupando un considerable trozo de página se presentaba una noticia de la ciudad brasilera de Palmeira, lugar donde un menor de cinco años le recordó al mundo que en la cotidianidad todos podemos ser héroes. Vestido como "el amigable vecino" Spider-man, Riquelme Wesley dos Santos no dudó en interrumpir su juego infantil para enfrentar las llamas aue consumían una casa vecina y rescatar a Andriele, una pequeña de 22 meses. Siguiendo el ejemplo de la creación de Stan Lee, el niño no sólo arriesgó su vida en el rescate sino que también rechazó la recompensa que se le ofreció tras el rescate.

Dentro del comic el tío Ben enseña al joven Peter Parker que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, lección que se ve manifestada en el heroísmo del menor de Santa Catarina. Riquelme no posee ningún poder que lo diferencie del resto de los hombres y aún así se convirtió en un héroe al utilizar algo que es inherente a todos para salvar a su pequeña vecina. Es esa elección la que lo hace diferente, una opción que todos debiéramos tomar pero que en definitiva somos (sí, SOMOS) pocos los que lo hacemos. Eso es lo que define a un héroe.

Pero a pesar de creer que -como dijo la tía May en Spider-man 2- hay un héroe en todos nosotros, también es cierto que el peor enemigo que podemos enfrentar es el que mora dentro de nosotros. Contra él no nos sirve el heroísmo ajeno, debemos luchar por nosotros mismos aun cuando sí nos pueden ayudar. Es por eso que Josefina debe ser su propia heroína y yo, como su amigo, sólo puedo ser su sidekick en el momento en que ella lo necesite y, en especial, lo solicite. Hasta entonces la única ayuda que puedo brindar es estar a su lado.
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Amiga, te quiero un millón. Ojalá pronto salgas de esto.

Thursday, October 25, 2007

Preguntas elementales.

Hace semanas que ando con una pregunta de esas que te persiguen desde que despiertas: ¿marraqueta o batido?


Sé que puede parecer una tontera y más de alguno no dudará en recriminarlo diciendo que son lo mismo, pero si lanzo la pregunta es porque para mí son muy distintos. Es una cuestión de geografía y sentimientos, de afectos que se extrañan en el diario vivir, de sonrisas que dan felicidad a los instantes más simples. Ir al supermercado a comprar un kilo de marraquetas (cuando hay) que harás rendir para la once, el desayuno y el almuerzo, cosa de no volver a hacer esa cola inmensa que incluye donación a una obra de dudosa caridad no es por ningún motivo similar a ir al almacen de la esquina donde la tía te elige el batido con cariño mientras conversas con ella de tus problemas y sus problemas, despidiéndote luego con un 'nos vemos en la mañana' cuando comprarás para el desayuno. No es lo mismo, no puede ser lo mismo.




Ya no tengo que cuestionarme más, es obvio que me quedo con el batido. Con lo caro que está el pan es mejor que venga con vista al mar.




Placeres con Matta (Monumento a Portales... allá va la 2, ahora 501 en el TMV)

Monday, October 22, 2007

El chiche

No me agrada mucho la idea de ser felicitado. Desde niño me es incómodo enfrentarme a instancias en que se alabe algo bueno que he hecho, sin importar lo ínfimo o magnífico que sea, y la verdad es que nunca he entendido bien a qué se debe. Quizás sea porque siento que uno no debe esperar recompensas para hacer cosas buenas, pero creo que también pasa porque acá, en esta casa, no se acostumbra decirme cosas agradables así que he llegado a pensar que son innecesarias. Y bueno, toda esta introducción es para contar que el jueves pasé por una de esas situaciones y la incomodidad que me provocan, sin estar además preparado para escuchar loas frente a un grupo de personas.


Geoformas es uno de los ramos coladores de mi carrera, a tal nivel que resulta casi imposible superar el 5 en las pruebas. Como ejemplo debo decir que su prerrequisito es igual de complejo y lo pasé apenas superando el 4, no por las pruebas precisamente. Es por eso que cuando el profesor me entregó la prueba al comenzar la clase y Gabo dijo de inmediato 'buena nota, man' me quedé pegado en el 5,1 plasmado en la primera página, saliendo de la ensoñación cuando me di cuenta que sólo entregó los resultados a dos personas. Debo aclarar que a pesar de pertenecer a la sección 1 del ramo el último tiempo he estado asistiendo a la segunda hora porque me voy a jugar pool, me quedo tocando guitarra y, desde luego, por la joven que en ese momento estaba sentada a mi siniestra.


Retomando el relato, el profesor no había alcanzado a corregir las pruebas de la sección 2, así que de pronto comenzó a hablar de las notas de mi sección destacando aquellas que habían estado muy buenas (sobre el 5) y con eso se inició el show. Ivo comenzó a usarme de ejemplo para su explicación de cómo tiene que ser una buena prueba, haciéndome sentir cada vez más y más incómodo, y repitiendo una y otra vez mi nombre. Cuando le iba a decir 'sí, ése es mi nombre, por favor no lo gaste' terminó su discurso diciendo '...y si quieren ver una buena prueba se la piden a su compañero Carlos'.


Hubiese preferido ahorrarme toda esa situación. Nada le costaba al profesor felicitarme al terminar la clase o quizás sólo decir mi nombre unas 10 veces menos porque, aunque algunos se sorprendan, eso de ser el chiche nunca ha sido lo mío.



Sunday, October 21, 2007

Paseando por mis recuerdos

Se viene diciembre, el fin de una larga espera. A mi mente vienen los recuerdos forjados en el puerto, pero me parece que por vez primera escribiré detalladamente sobre ellos. Creo que he sido demasiado ingrato en mis palabras, apelando más a la soledad y la introspección que a lugares y personas, cometiendo el absurdo error de obviar aquello que en definitiva me hace amar mi lugar de descanso, mi ciudad adoptiva. Ahora quiero reparar tal error con una pequeña vuelta por algunos de los lugares que más visito en Valparaíso.



Pequeños Placeres.
Partiré por mi mundo privado, el barrio que a pesar de lo que algunos digan es demasiado tranquilo. Ubicado junto a "la bella sin alma" -la Universidad Técnica Federico Santa María-, tiene como ejes principales las calles Placeres y Matta, arterias por donde transita la locomoción colectiva del Cerro Placeres y en cuya intersección se levanta un monumento que recuerda la muerte de Diego Portales. Mi casa está a la vuelta de ese lugar, en la esquina de Javiera Carrera y Manuel Montt, una excelente ubicación si acaso quiero tomar una micro hacia el plano o hacia Provid... Viña (reconozcámoslo, Viña es Providencia con mar). Tampoco estoy lejos de la Avenida España y de Caleta Portales, donde no sólo puedo tomar el tren o micro hacia una u otra ciudad, además me es posible comprar empanadas, pescados y mariscos frescos para cocinar en la casa, o simplemente tirarme un rato sobre la arena a leer un libro.

Ya de vuelta en el cerro y bajando por Placeres hacia el límite con Barón está Carnes París, un local bastante surtido donde no sólo se compra carne sino también pernil, arrollado y costillar ahumado de fabricación propia. Aunque después hay que subir el cerro para volver a la casa, la calidad de la carne y de los productos preparados hace que valga la pena un viajecito que, sin embargo, no se aplica para la panadería que está al lado y donde prefiero no comprar. Frente a estos locales hay un quiosco donde bajo a comprar El Mercurio, el de Valparaíso por supuesto, y La Tercera, con excepción del fin de semana que los pasan vendiendo por la casa.

Mi mundo más cercano se inicia en Matta, a media cuadra de Placeres. Justo donde me deja la micro se encuentra la Botillería Ravel, lugar donde los encargados de aprovisionarme en mis vicios son una pareja de ancianos muy agradables y tiernos, de los que no te dejan partir sin un '¿y cómo ha estado, hijo?' que me veo gozosamente forzado a responder con la misma amabilidad que ellos ofrecen. Como si esto fuera poco, en el verano son ayudados por su nieta, una pelolais que desborda gracia, belleza y simpatía, así que dan ganas de ir a comprar alcohol y cigarrillos a cada rato.

En la intersección de Matta y Manuel Montt es donde se desvanece gran parte de mi presupuesto. En una de sus esquinas está el local que los Morales sólo llamamos XL, y es que venden chorrillanas, pollos asados, pizzas y todo tipo de sandwiches en tamaños satisfactorios, una opción para esas tardes en que prefieres quedarte en la piscina antes que cocinar. Se ha vuelto clásico el llamado para encargar tres completos y una caja grande de papas, que paso a buscar después de la ducha de la tarde.

En el último lugar de la lista, pero no en el corazón, hay que hablar sobre la panadería de la esquina opuesta a los XL, atendida por una señora tan dulce como los pasteles que vende (no suelo consumir azúcar, pero esos tientan demasiado). El lugar es de aquellos donde no puedes ir cuando estás cansado o con poco tiempo, porque fijo que te quedas hablando un buen rato, en especial cuando no has ido en meses. Obvio que me compro unos batidos para el desayuno o la once, pero la tía no duda en echarme un par de panes con forma de corazón cuando me está recordando que sus hijas tienen la edad suficiente para salir conmigo. Como ven, hay Placeres por todo Placeres.



La Chorrillana Victoriosa.
'La Plaza de la Victoria es un centro social' reza la conocida canción "La Joya del Pacífico", e incluso décadas después de ser escrita aún es así. Antes la veía como un simple lugar de paso, pero ahora no dudo en detenerme cada vez que ando por ahí y es que por ella deambulan todos los estereotipos del homo chilensis, teñidos todos con las particulares características del porteño. Siendo un especial lugar de reunión, no sorprende entonces que a la sombra de sus árboles haya sido convocada la multitud que celebró la muerte del dictador, porque incluso en la ausencia de un motivo llegan las familias a disfrutar de su belleza y sus juegos.

A pocas cuadras de ahí se encuentra otro lugar de reunión que ya es conocido por personas de todo el mundo: el JCruz. Escondido en un estrecho y poco higiénico pasaje, esta picada ofrece a porteños y turistas un ambiente relajado a pesar del poco espacio que existe para moverse dentro de ella. Sus paredes y estanterías están atiborradas de objetos que le dan un aspecto demasiado kitsch para cualquier minimalista, incluyendo fotos de sus visitantes y rayados en las paredes, los manteles y los baños.

Desconozco las razones que llevaron a la fama a este lugar, pero no me sorprende que en cada una de mis visitas aparezca un extranjero. Incluso una vez me vi rodeado de dos belgas y cuatro mexicanos que buscaban un lugar típico para comer en el puerto, así que no podía llevarlos a otra parte. Ellos esperaban encontrar pescados o mariscos, pero la cocina del JCruz tiene una especialidad que ha sido imitada mas nunca igualada y me refiero, por supuesto, a la chorrillana. Generoso y tan atiborrado como las paredes que lo observan, este plato se aparece como una pesadilla a quienes buscan mantener la línea. Una bomba frita de sabor simple, pero sabroso.

Tanto la Plaza Victoria como el JCruz son imperdibles en mis visitas, y aunque genralmente llego caminando desde mi casa no hay forma de devolverme a ella más que en una micro luego de llenarme con una chorrillana.



Llego/Parto.
Renacer y resignarse tienen como partida un solo lugar: el rodoviario. En la alegría del arribo o en la tristeza de la despedida las calles que rodean al terminal de buses merecen ser visitadas, incluso de noche. Fuera de la interesante Congreso Nacional (interesante, no atractiva) nunca es malo darse una vuelta, ya que no sabes si andará por ahí el diputado o senador de tu lugar de origen -personalmente me he encontrado un par de veces con Álvaro Escobar-, dándote la oportunidad de recriminarlo o felicitarlo por su labor.

Otro lugar que resulta interesante es el mercado, en cuyo primer piso puedes encontrar desde muy temprano y hasta la noche todo tipo de productos comestibles a precios razonables. Infaltable es poder negociar el precio si andas corto de fondos, y es que dentro de sus estrechos pasajes vuelves a ese Chile que tanto se extraña en los malls y supermercados. El segundo piso es un mundo diferente, más ordenado aunque no por eso menos interesante, lleno de restaurantes que nos alejan del impersonal mundo de los food courts. Mientras caminas te van ofreciendo las típicas comidas chilenas a precios que no asfixian la billetera y en cuanto te sientas a comer te tratan como rey, al punto que incluso mi voraz apetito pudo verse saciado con un mariscal.

Los fines de semana se presenta otra alternativa para los cachureros, y es que junto a la tradicional feria de frutas y verduras se instala a lo largo de Avenida Argentina el comercio informalísimo de aquellas cosas que ya es imposible encontrar. Artesanía, ropa, revistas viejas, cassettes, vinilos y hasta ataris he podido encontrar mientras camino por ahí.

Finalmente, y rompiendo con la armonía como es su costumbre, Paulmann instaló un Jumbo y sus agregados -Almacenes París, Easy- a las faldas del Cerro Barón. Si alguno de mis lectores es neoliberal y neocapitalista podrá encontrar en el lugar formas de saciar su hambre de "ofertas". Personalmente sólo me verán ahí si suben al mirador.



Desde la Plaza Sotomayor.
Vivo está aún el 'Carlos, se está quemando Valparaíso' que me despertó abruptamente el 3 de febrero pasado. La columna de humo que, como era de esperarse, no compitió contra la frivolidad de las playas de Viña provenía del casco histórico, a sólo cuadras del Muelle Prat. El recuerdo de aquellas ocasiones en que el puerto se ha levantado a pesar del dolor era mi único consuelo esa mañana.

La Plaza Sotomayor es una explanada de cemento que se extiende frente al edificio de la Armada. En ella se reúnen los 21 de mayo las autoridades para recordar a los caídos en el Combate Naval de Iquique y cientos de familias el 31 de diciembre para esperar los fuegos artificiales de Año Nuevo, pero para mí es punto de partida hacia tres lugares específicos. Junto al edificio de la Armada, el Ascensor El Peral me lleva hacia el colorido del Cerro Alegre, en cuyas calles he dejado tirado a más de un "turista" que ha querido seguirme el paso.

Al final de la plaza se inicia el Muelle Prat, donde se ofrecen viajes por la bahía. En ese mismo lugar existe una feria artesanal donde uno se puede ir a reír ante los precios que los comerciantes establecen para los turistas nacionales y extranjeros por cosas que en Pedro Montt o Avenida Argentina pueden encontrarse a la mitad o incluso menos. También es un buen sitio para conocer extranjeras si tienes buen manejo de idiomas y estás dispuesto a guiarlas por la ciudad.

A unas cuadras de la Plaza Sotomayor (pasando por el lugar del incendio) está el Ascensor Artillería, desde donde se puede acceder al Paseo 21 de Mayo y al Museo Naval, pero mi preferencia es para el primero. La vista desde ahí -y ya desde el ascensor, la verdad- permite apreciar la bahía, por lo que es un lugar privilegiado para ver la llegada de los cruceros si llegas temprano y conocer turistas si te quedas. Cuando no anda mucha gente te puedes quedar un rato en el mirador, en especial si andas acompañado porque entre el mar y la arquitectura del lugar te dan un perfecto escenario romántico a toda hora del día.



Locales en todo en Chile.
La última mención es para el Estadio ChileDeportes, más conocido como Playa Ancha. Está a 25 minutos en micro desde la casa y sus alrededores te dan una vista panorámica de la ciudad, así que no sólo es una visita posible cuando jugamos allá. La verdad es que es bastante rústico el lugar, incluyendo el servicio de cóctel de tribuna que le lleva pernil palta, cigarrillos argentinos de contrabando y galletas Nik, así que si compras entrada ahí en lugar de galería no te sorprenda que tengas que sacar por tu propios medios una de las sillas rojas de terraza e instalarla donde más te acomode.

A pesar del aprecio de la gente de Wanderers por su equipo, no me ha tocado ver el codo norte lleno, pero sí el sur. ¿Qué se puede esperar, si somos locales en todo Chile? Ah, anda abrigado porque corre harto viento en todo momento.

Wednesday, October 10, 2007

Tuesday's gone (bailando con la fea)

Lo logró...

No sé cómo es que siempre lo logra...

Por el momento sólo puedo decir que actúa de una manera totalmente ajena a mi entendimiento, sorprendiéndome aún cómo es que de una forma u otra la primavera termina encamándome (prefiero la otra forma, la verdad). Y bueno, obvio que va una pequeña reseña de lo que ha pasado.

Había tenido la suerte de mantenerme este año libre de enfermedades, a excepción de aquellas con las que vivo. Por este mismo motivo ya estaba preparándome para pasar a través de la temporada de alergias lo más ileso posible, pero ni eso pudo salvarme ante mi propia negligencia.

Al comenzar la semana pasada estaba agotadísimo, con demasiadas cosas en la cabeza y varias horas menos de sueño. Con un dolor de cabeza terrible, el martes pasado el cuerpo me dijo 'ya no más' y terminé cayéndome todo el camino de vuelta a la casa por el agotamiento. Por supuesto también me bajaron las defensas, así que hasta ahí no más llegué con la salud.

Como resultado empecé esta semana bailando con la fea, con el cuerpo cortado, alergia, mareos y, para rematar, una infección a la garganta. Nada que hacer, se me fue el martes entre doctores, remedios y un reposo que no es tal.

Lo logró...

Maldita primavera, me ganó nuevamente...

Monday, October 01, 2007

Fleur de saison

Aleja de mí la ternura devastadora de tu mirada. No quiero acostumbrarme a este juego (no hoy, pero es tan difícil decir nunca).


Detente ahora que aún hay tiempo, no hagas que te desee para luego enfrentarme al destino terrible de tu ausencia.


Entiéndeme, cheri, no estoy para aventuras pasajeras. No me gustaría extrañar cada mañana el aroma cautivante de tu piel.

Chéri, tu es une fleur de saison y sin importar lo que hagamos te veré partir antes que llegue el verano.



Fleur de Saison - Emilie Simon

Saturday, September 29, 2007

Un mundo de colores

Así como leen, le he puesto algo de color al asunto éste de la vida. No se nota mucho acá en la red, pero deben saber que todos los escritos que llegan a mis blogs tienen su génesis en un cuaderno que me acompaña a todos lados. Para quitarle monotonía a sus hojas es que mis lápices fineliners han venido al rescate, dándole ese no sé qué a mis borradores.

Claro que nada parece estar exento de problemas. Con lo lindos y útiles que son no han hecho más que provocar la envidia entre quienes los ven, razón por la que la pobre cajita incluso ha sido solicitada como regalo de santo, cumpleaños, aniversario y bautizo del primo del tío del vecino nuevo. Así no se puede.

No insistan, mi cajita es única y no se la daré a nadie porque sus colores me alegran el día.

Tuesday, September 25, 2007

Y llegó no más... (pensamientos primaverales)

No van ni dos días de primavera y ya ando pensando tonteras- Claro que no sé si es por la estación, los ataques de ansiedad, el cansancio o la pronta llegada de la luna llena -aunque Selene suele venir con otros efectos-, pero lo cierto es que mi mente anda por mundos que a estas alturas de mi soltería resultan demasiado ajenos. Obvio que voy a escribir sobre eso, así como también es obvio que lo hago para sacar un poco de presión de mi cabeza que en estas fechas debe estar en otras cosas menos "triviales".


Desconozco los motivos que me llevan a pensar en una persona en específico a la hora de concentrarme en una evaluación emocional, si bien es cierto que desde hace algún tiempo que deambula con cierta regularidad por mi mente. Por ahora sólo puedo decir que hace más de una semana que no tengo noticias de ella, a excepción de la última actualización de su fotolog, y es que la tecnología es bastante fría así como lo es también el andar por la clandestinidad los últimos días. Me encantaría poder decir que cuando la vi ayer nos fuimos a tomar un café y nos pusimos al corriente, aunque en realidad ni siquiera me fue posible hablar con ella porque nos separaban tres pisos y el rostro serio de un profesor forzándome a ingresar a la sala. Así ha estado este semestre, obligándome a extrañar el poder verla todas las semanas y con la sola posibilidad de trabar con ella una o dos palabras por messenger.


En momentos como éste es cuando le encuentro razón al Dani. Creo profundamente que me equivoqué de época, que es por ese motivo que me he mantenido soltero ante la incapacidad de adaptarme al funcionamiento actual del sistema de cortejo: en definitiva, soy demasiado lento. Me resulta difícil el ponerme a pensar en cómo conquistar a una mujer 8 años menor que yo, y en el pensar se me escapa el tiempo que debería invertir en actuar. Más aún, el actuar también es complejo para mí en un momento en que el que "perrea" mejor parece acaparar toda la atención femenina mientras que mi forma de actuar, la galantería y las emociones, parece haberse convertido en una pieza de museo. Sin embargo, de todos modos me gustaría arriesgarme, intentar demostrar que no soy un ser anacrónico condenado a la soltería y al abandono de los sueños y esperanzas sobre el futuro. Me merezco una oportunidad, un ¡vamos, carajo, que se puede todavía!, saber que no sólo estoy hecho para ser amigo sino también pareja.


No recuerdo muy bien cómo es que me fijé en ella por primera vez. Debe haber sido una de las tantas ocasiones en que terminamos sentados en esquinas inversas de la sala, ella con parka blanca y yo con abrigo negro, ella sonriendo y yo siempre serio. En algún momento nuestras miradas se deben haber cruzado, logrando que en mi rostro se dibujara una mueca parecida a una sonrisa. Así es como esta atracción encontró su génesis, entre discusiones sobre la sociedad y sus problemas, en alguno de tantos momentos en que mi labia cruda se atrevió a romper el silencio de su boca temerosa a opinar. A cada instante esperaba que su voz se alzara para rebatir mis frías evaluaciones sobre la realidad, que me dijera que nada podía ser tan malo porque ella estaba presente. Quizás alguna vez lo hizo, sin palabras, con una dulce mirada al final de alguna intervención catastrófica de mi parte.


El semestre terminó y a la hora de las evaluaciones yo me convertí en el tipo engreído mientras ella, con su cabello castaño claro cayendo sobre los hombros, era la cuica. Ambos estábamos concientes que el otro no era así, que caracterizaciones tan radicales no bastaban para describir la complejidad de nuestras personalidades, y fue en esa frustración que inició para nosotros la "era messenger", la oportunidad que no habíamos tenido para conocernos mejor. Toda la seriedad que me caracterizó durante las clases se vio desvanecida en favor de la honestidad, la curiosidad e incluso la ternura (una cualidad tan mía, pero tan oculta al mundo); su silencio se vio opacado ante las palabras que invadían la pantalla, confirmando de una vez y para siempre que todos habían errado, que yo tenía razón sobre ella. Gracias a la fría tecnología pude descubrir que no somos tan distintos, que hay tantas cosas que a ambos nos gusta hacer, que me gustaría que hiciésemos juntos... sueños del autor por el momento.


Con el messenger llegó también a conocer mi fotolog, mi mundo (casi) privado en un pequeño rincón de la red. Tal vez la curiosidad la llevó también hasta alguno de mis blogs, expresión de la laberíntica geografía de mi alma y de los deseos más oscuros, íntimos, incomprensibles de mi Eros y mi Thanatos. De su visita terminé también en su fotolog, donde un breve instante de compañía en que me encontré llevó a la evaluación de mis amigas respecto de la persona que me había cautivado. Su análisis puede considerarse devastador, y es que no encontraron en ella nada fuera de lo común, nada que fuese causal de la atención que le estoy prestando. Después de todo, ella es muy normal, es decir, no es nada de lo que alguna vez pensé me causaría esta sensación, extraña, ajena, desconocida incluso.


Así han estado las primeras horas de la primavera, pensando, sintiendo, con ella rondando en mi cabeza, con el recuerdo de esta soltería que ya parece cáncer terminal. Ojalá que encuentre una solución o se me pase la fiebre de la estación pronto, y es que como buen sagitario tengo que hacer todo a lo grande, incluso vivir el romance así que al momento de estar en pareja me entrego por completo, pero si ando solo por la vida la sufro toda. Ya llevo una primavera solo, la primera desde los 15 años (quizás antes, no recuerdo bien), y no tengo muy gratos recuerdos de las emociones que me invadieron, menos aún me dan ganas de pasar por eso nuevamente.


Tal vez no debiese preocuparme todavía por estas cosas, no llevamos ni una semana de esta tonterita romántica de la primavera y ya me siento angustiado. Lo más seguro es que las pruebas, el alcohol y los viajes de noviembre y diciembre me hagan olvidar todo esto... pero está latente el miedo de que lo potencien. Ahí veremos...

Horóscopo


Cuando tomé el diario en la mañana no pude resistir el impulso de ir de inmediato a la última página. Sé que debe ser una tontera, pero creo que hoy debí haberme contenido: frente a mis ojos el pronóstico decía Aumentan sus habilidades psíquicas. Me invadió un miedo terrible ante la oscura posibilidad que se abría con la inexacta predicción del periódico, y es que en el contexto general un aumento de ese tipo suele significar andar sintiendo todo lo negativo que ocurre a mi alrededor justo en un momento en que me resultaría difícil obviar esas cosas.


Ése es el problema con esta cosa, el no poder simplemente apagarla por un rato o ser capaz de seleccionar lo que siento. Creo que por eso también me disgusta morar en la ciudad, en esta ciudad, donde todos andan predispuestos a odiar pero no son capaces de mirarte a los ojos cuando lo hacen. Es increíble la cantidad de personas que te miran feo cuando vas sentado en la micro, pero en el instante en que alzas la mirada se les desvanece toda la valentía.


Bueno, pero ese es tema para otro escrito, algo que hable sobre el "homo chilensis". Por el momento sólo me atengo a la lejana posibilidad de ver mis habilidades psíquicas aumentadas con el riesgo que eso implica para mi estado de ánimo. Me consuelo con que Nena Borrero está equivocada o si no me hubiesen contenido esas habilidades psíquicas de leer el horóscopo.

Saturday, September 22, 2007

Recuerdos


No suelo concordar con la Flores, pero al oírla decir que las cosas estaban ocurriendo tal como en aquella ocasión sabía que no había nada que rebatir. Muchos regalos, muchas atenciones y, en especial, mucho delirio de persecución no significan para mí más que problemas, y es que tal como me dijo la Jose Herborn, suelo tomarme las cosas muy a pecho. Tiene razón (como de costumbre), pero no puedo dejar de preguntarme cómo no hacerlo.


Lo expresé ya en un escrito previo: hay cosas que nunca he aprendido a perdonar, una de las cuales es la traición. Aún así, me es difícil dejar de pensar que el odio deja profundas marcas en el corazón de los hombres, heridas que en ocasiones parecen imposibles de cerrar. De todos los males que me han afectado en casi 27 años de vida resulta innegable que éstos son los más dolorosos, tanto por las huellas físicas y psicológicas que han dejado como por sus prolongados efectos. Debería entonces seguir el consejo de quienes me rodean y asumir esa mentira que siempre he rechazado, que lo que ocurre a mi alrededor no tiene nada que ver conmigo.

No es difícil recordar lo que viví aquella vez, esa situación en que simplemente dejé de ser yo. Después de todo, no se puede ser sentimental cuando estás en mi lugar, cuando la “jerarquía familiar” te obliga ante los desastres a convertirte en el sostén emocional de un hogar que se derrumba. Ésa es la labor del primogénito aunque los “donantes genéticos” digan que el problema es de ellos: prohibido quejarse, prohibido llorar, prohibido ser yo.

Estando así las cosas, nuevamente no puedo hacer más que sentarme a esperar lo que ocurra…

Septiembre






El invierno se me escapa en una llovizna pasajera, un llanto de despedida que empapa las frías calles.


Ojalá no llegase la primavera…




Hay algo que nunca pude entender: ¿por qué amo tanto el invierno si vine a nacer en primavera?


…debe ser la crudeza del frío recordándome que estoy vivo…


…debe ser la lluvia cayendo sobre mi rostro, limpiando las máculas de mi alma…


…deben ser las nubes oscureciendo el cielo, un manto que oculta mis demonios…


(¿para qué esforzarme en comprenderlo? … quizás es sólo que odio la primavera)




Quiero sentir nuevamente el paso cruel del invierno por mi cuerpo…


Ojalá no llegase la primavera… ups, demasiado tarde.

Asilo político (estoy donde Tania)

Esto de vivir en dictadura es bastante complejo, en especial para alguien que ama ser libre.

Muchos podrían pensar que mi afirmación es burda, poco seria, incluso insultante para quienes vivimos parte o la totalidad de los casi 17 años de terror de Pinochet. Sin embargo, el matriarcado histérico al que me veo sometido día tras día tiene poco que envidiarle a la “presidencia” de Daniel López o al poder tras las sombras de Lucía Hiriart (quizás sólo por la ausencia de la DINA/CNI), y es que ha durado casi tanto como estos.

Si hay algo que se me debe reconocer es que no fui un niño o un adolescente particularmente problemático. Por el contrario, no era usual el tener que recibir órdenes de ningún tipo ante la tranquila independencia de la que gozaba en ese entonces. Pero mi tranquilidad no podía durar para siempre, no cuando menopausia, andropausia y pubertad (los tres chiflados) se reunieron en busca de un enemigo común para no despedazarse entre ellos: ese enemigo fui y soy yo. Sin más, me convertí en el chivo expiatorio de todos los males que me rodeaban, convirtiéndose los constantes gritos en mi contra en una suerte de deporte nacional.


Desde ese instante las cosas cambiaron, y es por eso que cada tanto debo pasar a la clandestinidad o buscar asilo en alguna embajada amiga. El último tiempo ha sido la segunda opción la más utilizada, encontrando en La Florida un lugar de descanso capaz de contener los terribles deseos de un Thanatos exacerbado. La casa de Tania se ha convertido en el refugio de los retoños desolados, consuelo para los que huyen del sin sentido de sus propios hogares.

Cuando la rabia me invada, si han sabido que la tristeza se me hace incontenible, en el momento en que los problemas me sobrepasen, saben donde encontrarme… estoy donde Tania.