Saturday, May 20, 2006

El circo del Emperador Claudio. OI: la segunda derecha de la UC.

Para quienes asistimos al Consejo de Presidentes realizado el pasado viernes 12 de mayo en Campus Lo Contador, esta instancia nos significó el ser testigos del desenmascaramiento final de la actual directiva -a cargo de miembros de la Opción Independiente- como un órgano dictatorial y represor frente a una asamblea cuyo rol es de máxima expresión democrática de los estudiantes de la PUC, a través de sus representantes.
El tema que me ha llevado a escribir es la cerrada postura mostrada por la directiva -expresada en su presidente (¿o emperador?), Claudio Castro- ante una asamblea que se había reunido para evaluar otra temática dictatorial, como es el inquisitorial reglamento estudiantil de nuestra universidad. Lentamente, la discusión que se dio aquella noche fue transformándose en un circo montado por los Independientes y apoyado por el discurso medieval que mostró (por los últimos 40 años, y seguirá mostrando) el Movimiento Gremial.
El punto más álgido de la noche llegaría de la mano del mismo Castro, esto en el momento en que presentó una propuesta para elaborar una comisión que revisara el tema de los sumarios, imponiendo la forma en que ésta estaría conformada, a pesar de la contrapopuesta levantada por la compañera Jenny Monsalve y apoyada por gran parte de los presentes al consejo. Esta actitud antidemócratica causó una profunda molestia dentro de todos los sectores de la izquierda, además de ir generando una serie de discusiones y documentos, entre los cuales se incluye el presente.
La forma en que se debía conformar esta comisión -según la propuesta de Castro- convenía tanto a la Opción Independiente como al Movimiento Gremial, por lo que los esfuerzos de los grupos de la izquierda y el centro, además de diversos centros de estudiantes democráticos (como Geografía y Ciencias Políticas) resultaron infructíferos cuando se intentó detener la "propuesta" del emperador, razón que llevó al presidente del Centro de Estudiantes de Historia, Bruno Cortés, a proponer una comisión alterna para revisar el reglamento estudiantil en favor de la democracia, el pluralismo y el respeto a la libertad de expresión (este proyecto se encuentra en stand by).
Asumiendo que tras sus acciones el ánimo no era el mejor dentro del Consejo, Claudio Castro tuvo luego la patética actitud de los dictadores que no quieren parecer tales, que es la de dar migajas al pueblo al que han sometido. Esto se expresó al momento de elegir a quienes conformarían la comisión en cuestión -específicamente los escasos cupos dejados a la asamblea-, elección en la que los votos "independientes" favorecieron a la candidata presentada por grupos de izquierda, en desmedro de una joven de sus filas que debió retirarse del proceso ante las miradas reprobatorias del emperador y sus asesores.
De algún modo, esta situación era predecible; sin embargo, no puedo dejar de cuestionarme por el descaro que tiene este tecnócrata dictador al intentar acallar a quienes llevan años dentro de la política universitaria y asumir liderazgos sobre los mismos, cuando apenas unas semanas antes de tomar su cargo desconocía cosas tan sencillas como la LOCE. Me molesta, me turba, me duele preguntarme si acaso hubiese sido mejor tener una directiva de la otra derecha, la que se reconoce como tal, la que no teme mostrar abiertamente su actitud fascistoide y reaccionaria desde un primer momento, la que no llega con un hipócrita discurso para agradarle a todo el mundo. No nos queda otra cosa más que seguir en la lucha para convertir a la UC en una universidad de todos y para todos.
...y el huracán se llevó la democracia...

Tuesday, May 16, 2006

I love walking in the rain 'cause no one knows I'm crying.

Pareciese que mayo será finalmente como sus predecesores. Me siento invadido por la ambigua sensación que provoca el sacarse un peso de encima para luego descubrir que de algún modo estabas mejor con él. Por si fuera poco, la conciencia no me acompaña, ya que prefiere convertirse en una incansable fuente generadora de cuestionamientos y flagelaciones varias. De algún modo, debí percibir que algo así sucedería, las señales eran claras: el aletargado día, el cansancio a mitad de la tarde, la escasez de cigarrillos, la sequía goleadora. Sólo malas señales.
Pensé que el aire nocturno me haría sentir mejor -en término concretos, menos peor-, pero mi mente fue bombardeada por pensamientos demasiado crueles, como si los estuviese proyectando a mi peor enemigo. "¿Acaso pensabas que iba a ser de otra manera? Mírate al espejo, ¿crees que alguien te va a querer? ¡Deja de vivir de sueños, perdedor! Estás condenado a las frases cliché." La larga caminata sólo me mortificaba más, por lo que quedé casi convencido de esas dolorosas palabras.
Supongo que en lugar de cuestionar qué hay de malo en mí, debiera asumir de una vez por todas que a estas alturas mi corazón ya tendría que estar acostumbrado a la ocurrencia de hechos como éste. ¿Cuántas veces ya he pasado por esto? ¿Acaso no estuve escribiendo de Amor y Desamor por más de un mes? Por un instante, un par de lágrimas quieren escapar de mis ojos, pero las suprimo asumiéndolas como alguna extraña alergia a sentir lo que no debería, a escribir necedades y a viajar solo en la micro. Ojalá fuese verdad, pero por ahora sólo puedo confiar en que mañana lloverá y así nadie descubrirá que quizás me ponga a llorar.
La problemática se presenta precisamente en el mañana, en el enfrentar a quienes me rodean sabiendo que mi rostro está cargado de tristeza y frustración, en el tener que aparentar que hoy no ha pasado nada y que mis sentimientos son sólo una ilusión, en el asumir que la vida continuará sin darme tiempo de recuperarme de un nuevo fracaso, una nueva cicatriz. La problemática es que el mundo seguirá siendo mundo y yo seguiré siendo Connor, y ambas realidades siguen demostrando ser incompatibles.
Hoy sólo me queda una pregunta: ¿y qué hace uno con esta sensación de vacío que queda en el alma?

Monday, May 15, 2006

Parte XI: Me, myself & I (Who's Connor Riley?)

Puede parecer algo egocéntrico, pero he querido dedicar esta última parte de mis escritos precisamente a quien los escribe: Connor Riley. Debo entonces comenzar con una definición del nombre, de origen celta, y cuyo significado es ‘valiente amigo de los lobos’, lo cual parece no decir mucho, pero tiene implícita la presencia exacerbada de los instintos y de un comportamiento impulsivo, osado. Aquellas características suelen estar reprimidas en mi personalidad, pero en algunas de las historias que han sido relatadas han estado muy presentes -de hecho, son protagonistas.
Sin embargo, hoy me enfrento a las tribulaciones de verme alejado de tales instintos. No puedo dejar de preguntarme qué es lo que ha pasado con mi vida, pasando por el niño que saltaba sobre los charcos que generaba la lluvia, el chico de caminar altanero que recorría la Plaza Brasil o el joven que se arriesgó a traicionar a su hermano por lo que sentía. Creo que debo reconocer que está aquí, que de un modo u otro cada uno de esos seres sigue presente en mi vida, no sólo como un recuerdo de mi pasado, una parte de estos 25 años de evolución, sino también saliendo a la luz cada vez que la situación lo amerita. A pesar de ello, los últimos meses aquellos personajes que son componentes de mi vida parecieron desvanecerse bajo la apatía de la soledad.
Esta primera quincena de mayo ha traído gratas sorpresas y no necesito preguntarme si aquellos continuará así, ya que de algún modo una placentera sensación ha comenzado a deslizarse por mis venas –la misma que me invade cuando siento el olor de la tierra húmeda del sur, la lluvia sobre mi rostro, el mar rugiendo en Caleta Portales o los labios de una mujer que me ha hechizado-, reviviéndome lentamente de prolongado letargo.
Quizás para muchos éste sea un final muy aburrido, pero creo que estos relatos han cumplido el objetivo de hacer que reencuentre mi propio ser. Ahora debo seguir escribiendo mi historia en el mundo real…

(¿fin?)

Parte X: ¿Por qué juegas a ser mujer?

Ha pasado casi un año y aún me es difícil comprender las razones que me llevaron a fijar la mirada en el menudo cuerpo de la Peque. Mejor dicho, lo sé, pero la motivación posterior que me guió en la profundización del análisis a su carácter, más allá de la superficialidad que poseen mis ojos de hombre, me resulta compleja. Quizás al escribirlo me resulte más simple su entendimiento, pero me siento predispuesto a proseguir con mi confusión.
Si recuerdo bien, ella apareció con las lluvias del año pasado, mi temporada predilecta porque el niño que habita en mí aprovecha de escapar al yugo de la inmadurez para saltar alegremente sobre los charcos de agua. Ella caminaba hacia mí, por lo que choqué con su mirada altanera y su eterna actitud de hacerse la interesante -me recordó a otra mujer, de la que ya he escrito-, obligándome a responder con una acción similar. Encuentros así se sucedieron por un tiempo, logrando que la Peque se convirtiese en un reto, y en cada ocasión mis ojos intentaron recorrer su cuerpo, pero terminaban irremediablemente enfrentándose a los suyos.
Cuando consideré que había llegado el momento de romper el hielo (como si eso pudiera lograrse con ella), lo hice en la forma que me pareció más correcta para enfrentar su manera de actuar: desafiándola. No me sorprendió en nada que tras la barrera de petulancia sus ojos pudiesen expresar otras emociones: rabia, frustración, alegría, admiración. Tras aquella primera conversación nos sometimos a una dinámica de mutuo descubrimiento.
Sin embargo, cuánto me decepcioné al comprobar que ella vive en la ambigüedad de quien no desea madurar, cuando ya hace años que debió hacerlo. Bastó con sólo tocar sus labios para que la niña saliera a la superficie y la mujer dejase de resultar interesante. Debí alejarme, pero la mayor parte del tiempo me siento cómodo junto a ella.
Este año, la Peque a seguido dando vueltas por ahí, pero su actitud desidiosa ya no me cautiva, sino que me molesta, como si se hubiese multiplicado, como si hubiese decidido ser aún más inmadura. Yo ya no estoy para eso.

(continuará)

Sunday, May 07, 2006

Parte IX: La destrucción del Amor

Puede decirse que la de ellos es una historia como la de cualquier otra pareja, como cualquier relato de los que deambulan por libros, películas, blogs y rumores. Dos personas se conocen, se enamoran, salen por un tiempo, se desenamoran y finalmente se alejan. Sin embargo, para quienes fueron testigos de esta relación sin resúmenes, fue una experiencia algo complicada, y es que ambos preferían tomar decisiones complicadas.
Para algunos todo comenzó en la casa de un amigo mutuo, pero es más correcto decir que el viejo puerto fue testigo del comienzo de su idilio. Después de todo, aquella noche se planteó como el escenario perfecto: la primera noche de primavera, la luna llena deslizándose en el cielo de Playa Ancha, el mar bramando sobre las rocas de la costanera. Tras ese encuentro, no resulta difícil ver cómo es que los meses siguientes fueron de romance perfecto. Desgraciadamente, ninguno de los dos era tan perfecto como se idealizaban, por lo que su relación se volvió tortuosa, no sólo para ellos, sino también para quienes les rodeaban. Pero seguían juntos.
Toda su historia se extiende por más de dos años, pero basta decir sólo que la simpleza del esquema presentado no es suficiente para describir el significado que tiene cada una de las etapas. Durante el día, ella quería ocultar que seguían juntos -si bien todos podían darse cuenta que era así-, por la noche la pasión volvía a habitar su desidioso corazón. Por otro lado, a él todo y todos le decían que debía terminar, pero de algún modo su idealismo seguía vivo, esperando que el mundo se sumiera en una noche eterna.
Fue necesario un último gesto de petulancia para que él se alejara en aquella tarde de noviembre. Fueron necesarios varios meses de desprecio para que ella se diera cuenta de una vez que él no quería saber más de ella, ni siquiera como ser humano.
Ahora son miles de kilómetros los que los separan, en el espacio y en su corazón.

(continuará)

Parte VIII: La bifurcación del placer.

Abril ha quedado atrás, sin lluvias mil y con la presencia constante de esta horrible sensación de vacío que aún no puedo sacarme del alma. Si bien existieron otros momentos de mi corta vida en que me sentí así, hay uno en especial, de hace ya un lustro, que viene a mi mente.
El tortuoso año anterior había quedado atrás, en gran medida gracias a las dos semanas que pasé en el sur de Chile, viaje que me ayudó a cicatrizar muchas heridas del pasado y comenzar a trazar un nuevo futuro. Sin embargo, primero quería dar un respiro, descansar, disfrutar de un buen carrete sin mayores presiones, aun cuando me sentía extraño haciéndolo. Sería cerca de la mitad del año que ella aparecería en mi vida -mejor dicho, reaparecería-, para acompañarme en este profundo deseo de divertirme.
Nuestras familias se conocían desde que no éramos más que unos niños, por lo que tras tantos años no resultaba extraño verme rondando su casa un día sábado para tomar un par (por decir un número) de cervezas. Por otro lado, su hermano menor y yo éramos grandes amigos y compañeros de trabajo.
Desde el primer momento en que nos encontramos, siendo ya adolescentes -anteriormente sólo habían sido visitas esporádicas-, hubo algo que me llamaba a abalazarme sobre aquella mujer. No era precisamente algo físico, sino una sensación de piel, algo inconsciente que dominaba por sobre cualquier otra cosa. Aquel encuentro no llevó a algo más allá que una simple semana de besuqueos infantiles.
Años más tarde, sin embargo, las cosas serían diferentes, ya que el tiempo del que disponíamos se había hecho aún más amplio. Por esa razón, y en la simpleza del asiento delantero de un automóvil, las cosas entre nosotros tomaron un nuevo cariz. A partir de ese instante las visitas a su casa se hicieron más frecuentes, ya que no sólo me dirigía a su casa para la cerveza del sábado, visitas que además se veían potenciadas por la cercanía de nuestras casas.
Con ella pude explorar más que con mis anteriores parejas, en especial por todo el tiempo que nos entregaban los trabajos de nuestros padres o las constantes salidas de nuestros hermanos menores. Pero más allá de lo "entretenidos" que fuesen nuestros momentos juntos, habían elementos que me llevaron a despreciar aquellas tardes en que nos dedicábamos a la constante exploración de nuestros cuerpos desnudos.
La ausencia de sentimientos en nuestras acciones parecían afectarme profundamente. Era tiempo de dejar de divertirme tanto, de retomar el camino que había comenzado a trazarse hacía un año, de reingresar a la u y darme cuenta que la adolescencia era un tiempo pasado.
En momentos como éste no puedo negar que me gustaría, por instantes, volver a aquellos tiempos en que no importaba nada más que estar con ella, sin preocuparme de una pasado lleno de cicatrices o un futuro problemático. Pero la madurez me obliga a seguir adelante y dejar esto como lo que es, un recuerdo que forma parte de mí, pero que ya no será más.
(continuará)

Sunday, April 23, 2006

Parte VII: Odio, traición, amor.

La fría lluvia comenzó a caer sobre las grises calles de Santiago. Sin siquiera pensar en quienes corrían a su alrededor en busca de refugio, dos personas permanecían erguidas sobre las pozas que comenzaban a formarse en el centro de la plaza Brasil, mirándose como si nada importase, nada más que la molestia que parecía ocasionarles la presencia del otro.
La conocí una tarde de junio, hace ya siete años. El golpe entre ambos fue instantáneo, y es que no había quien no pudiese notar el disgusto que sentíamos por el otro. Dos presencias tan orgullosas no podían compartir un espacio tan reducido, un mismo grupo de amigos.
Al pasar los meses nos resultaba aún más difícil ocultar nuestras miradas de ira escudriñando cada centímetro, cada imperfección en la piel del adversario, pero sobre aquel rabioso análisis comenzaba a construirse la mútua admiración. De algún modo, y superando el odio que sentía por su figura perfecta, me vi reflejado en aquella mirada imposible de doblegar y en la sonrisa cruel que suele dibujarse en el rostro de quien ha debido enfrentar las dificultades de la vida antes de tiempo.
Mientras me dejaba cautivar por su rostro pecoso, su piel pálida, su largo cabello castaño y su actitud ególatra y devastadora, no podía dejar de desear tenerla, poseerla, subyugar sin piedad alguna su orgullo, sin preocuparme por pasar encima de quien se interpusiese. Pero el destino parece no carecer de ironías y no dudó en poner en mi camino obstáculos capaces de hacerme retroceder en mi deseo de hacer que esa voluntad tan fastidiosa se doblegara a mis caprichos.
Como había escrito en una entrada previa, yo estaba saliendo con alguien a esas alturas. Sin embargo, aquello no era lo más terrible de la situación. Lo que realmente complicaba el deseo que sentía por aquella mujer era que ella estaba saliendo con mi hermano menor*, pero a pesar de ello no nos preocupaba ocultar lo que sentíamos. Así es como llegué a hacer lo posible por que ellos se alejaran, lográndolo apenas unas semanas después.
Al encontarse ella libre, pudimos someternos a la tortura de escucharnos por horas para conocernos. A pesar de lo que podía imaginarme en un primer comienzo, este proceso no fue tan terrible. La competencia que había previamente por ver quien se doblegaba menos que el otro se había convertido en una carrera por conquistarnos.
El tiempo no se hizo esperar. Pronto estábamos saliendo, a pesar de lo que todos decían respecto de cómo había traicionado a mi hermano, a mi sangre para llegar a ella. Pero ya nada de eso importaba, porque obtuve lo que quise, y lo estaba disfrutando al máximo. Más allá del odio que existía al conocernos, el vernos tan iguales nos permitía compartir espacios al transar respecto de nuestros deseos cuando estos eran opuestos -es decir, la menor parte del tiempo-.
Pero por más que los deseos se hagan realidad, siempre llegará la medianoche. Al acercarse mi ingreso a la universidad, y por más que intenté que no fuese así, los ánimos se fueron complicando bastante. Febrero terminó junto a nuestra relación, pero seguimos en contacto constante... al menos hasta hace un par de años. La última vez que nos encontramos me contó que se había casado y que tenía una hija pequeña... Ya no era la misma persona orgullosa que conocí, ya no llamaba mi atención como antes.
(continuará)
*aclaro a los pedófilos y mal pensados que ella tenía la misma edad que mi hermano, y que él es apenas dos años menor que yo.

Wednesday, April 19, 2006

Parte VI:¿Superficial?

Tras salir con la hermanastra de la venezolana me vi convertido en parte del jet-set de su colegio. Debo reconocer que, como forma de enfrentar las dificultades que se me presentaron, me convertí en un ser bastante superficial en mi forma de actuar. Ya había salido del colegio, pero seguía yendo a buscar a mi hermano menor y asistiendo a las clases de teatro. Era parte del paisaje del barrio, llegando en un automóvil del año '76, fumando lucky encendido por un zippo y caminando con el pelo largo al viento (aclaro que pesaba 15 kilos menos que ahora).
Así estaba mostrándome, por lo que era frecuentemente invitado a diversas actividades de los colegios de niñas del sector, y fue también así como conocí a muchas personas que me mostraron, con su forma de ser aún más superficial, que yo realmente no era así y no podía seguir fingiendo, asistiendo a sus fiestas, conviviendo con ellos. Pero también es cierto que fue en una de esas actividades donde conocí a una mujer que me ayudó a ir dejando atrás a la hermanastra de la venezolana.
Ella solía observarme desde la distancia, con su cuerpo espigado y frágil, el largo cabello negro cayendo por su espalda. Cuando me acerqué a ella me sentí conmovido con sus ojos de mirada inocente, me desconcertaba encontrar a alguien así luego de enfrentarme a la crudeza de la vida. Mientras se acercaba el invierno comencé a perderme aún más en sus labios delicados, hasta que los hice míos una fría noche.
Sin embargo, no podía dejar de cuestionarme por qué debía estar con ella si yo endurecía cada vez más mi carácter y ella seguía siendo una niña. Además, una nueva figura comenzaba a dibujarse en mi mente, progresivamente tomando posesión de mis pensamientos. Me resultaba muy difícil continuar a su lado, cargándola con mis duros problemas y portándome más como un padre o un hermano mayor que como una pareja, por lo que decidí alejarme de ella.
Volvería a mí un año más tarde, pero ya todo había cambiado. Ninguno de los dos era el mismo de antes.
(continuará)

Tuesday, April 18, 2006

Parte V: High school sweetie

Los años parecen volverse nada al traer a la memoria algunos recuerdos. De algún modo, sigo cuestionándome hoy por qué la pequeña venezolana estaba tan deseosa por presentarme a su hermanastra, si bien el encuentro entre ambos se dio hace casi ocho años.
Fue la tarde del viernes 2 de octubre de 1998, luego de ponernos de acuerdo para reunirnos y pasando por encima de las miles de cosas que debíamos hacer aquella tarde. Si bien la había visto un par de veces antes, no fue hasta aquel día que se presentaría en mi vida de forma avasalladora. La idea era juntarnos a hablar unos minutos, pero mientras caminaba hacia el gimnasio, lugar donde tenía clases, no pude dejar de pensar en ella y regresé hasta el lugar donde nos habíamos reunido, donde la encontré aún sentado, como si hubiese sabido que volvería.
Las horas pasaron lentamente, como si el tiempo quisiese que disfrutásemos aún más aquel encuentro y los miles de temas que tocamos en nuestra conversación, pero llegado el momento de marcharnos ninguno parecía satisfecho ante la dificultad de separarnos. Me perdí en sus ojos por enésima vez, buscando algo que me dijera que aquel momento se repetiría. Tomé su mano para no dejarla partir y el contacto entre ambos nos hizo temblar porque, después de todo, nos habíamos convertido en un par de adolescentes enamorados. Aún así, estábamos obligados a entregarnos a la racionalidad y condenarnos a esperar un futuro encuentro.
No volví a verla hasta el martes siguiente (los lunes mi curso solía estar castigado), al perdernos en un beso interminable. Así continuamos durante meses, a pesar de los numerosos problemas que rodeaban nuestra relación. Fuera de la familia, el que ella hubiese salido con uno de mis compañeros de curso generaba roces dentro de la sala de clases que terminaron por resquebrajar el delicado equilibrio que existía entre los desordenados y los carreteros.
Me es difícil encontrar palabras con las que pueda siquiera acercarme a la descripción de lo que sentía por ella. Incluso Amor se vuelve un concepto demasiado frágil, demasiado pequeño, demasiado volátil. Lo cierto es que me entregué a nuestra relación para darle todo lo que era, toda la felicidad que me iba quedando en uno de los momentos más complicados de mi vida. Pero sería finalmente esto lo que nos llevaría a un quiebre que nos tuvo separados por tres años.
Al momento de reencontrarnos se notaba que algo quedaba de aquellos sentimientos que llegaron a unirnos. Muchos no dejaron de sorprenderse cuando, pasados apenas unos meses de volver a hablarnos, durante una comida ella tomó mi plato y comenzó a cortar la carne para que yo no tuviera que hacerlo. Incluso pudimos compartir vacaciones sin que los problemas del pasado se hiciesen presentes.
Hoy estamos nuevamente alejados, pero las razones son muy distintas a las de la primera ocasión. Nuestras vidas han sido empujadas por caminos distintos. Pero mientras escribo esto ella se ha hecho presente, junto a la posibilidad de volver a encontrarnos, a hablar, a contarnos qué ocurrido y qué seguirá ocurriendo en nuestras vidas.
(continuará)

Parte IV: Ojos de miel.

Había pasado más de un año desde que Lobita se desvaneció lentamente. El taller de teatro seguía siendo mi sede, pero ahora ya no asistía como alumno, sino como asesor. Tenía acceso a la sala cada vez que quisiese ensayar y, ahora con mayor autoridad, mi importancia se hacía sentir.
Un renovado grupo de niñas había ingresado y nuevamente era uno de los centros de atención para ellas. Después de todo, ya estaba en cuarto medio y sólo el profesor tenía mayor cargo que yo. A pesar de esto, no estaba realmente interesado en imponerme, sino en formar un nuevo grupo que llenara mis espectativas artísticas. Dentro de la antigua sala había sólo una persona que lograba distraerme de tal objetivo.
Ella era la más alta de su grupo de amigas, pero no era por ello que lograba destacar. Su aspecto despreocupado, el pelo largo y desordenado, el cuerpo oculto bajo un grueso chaleco algunas tallas más grande eran vanos intentos por esconder la belleza y ternura de niña grande que salía a relucir en su risueño rostro.
No podía concentrarme cuando sentía sus almendrados ojos color miel observando cada uno de mis movimientos, como si estuviese desafiándome a perderme en su suave piel morena. Al momento de recorrer sus labios descubrí el secreto de su ternura infinita, pero de algún modo me sentía cohibido, impedido de continuar explorando a la chica de los ojos de miel. Le dije 'no más' una lluviosa tarde de junio, aunque no dejamos de vernos, de compartir momentos de amistad y cariño. Después de todo, compartíamos los mismos espacios, los mismos gustos, los mismos amigos. Sin embargo, nada volvió a ocurrir entre nosotros.
Ahora que los años han pasado, no puedo negar que me gustaría volver a perderme en su mirada de niña, en sus ojos de miel.
(continuará)

Parte III: Recuerdo de una obsesión.

Como mencioné anteriormente, el hecho de asistir a un colegio de hombres brindaba oportunidades para conocer niñas. Incluso existían espacios en los que, para satisfacción nuestra, la presencia femenina era permanente. Uno de estos espacios era el taller de teatro, instancia a la que me sumé a los 14 años y en la que logré destacar más que nada por mis esfuerzos sostenidos por superar la timidez crónica heredada de mi familia.
A los 15 años ya había ganado cierto rango dentro del taller, fruto de los logros obtenidos tras un año de trabajo, lo que lograba atraer a algunas de las chicas que asistían a la clase. Eso sí, el dedicar tanto tiempo al teatro generaba aspectos negativos, en especial el dejar de morar entre los árboles de la Plaza Brasil. Por esto llegó un instante en el que llegué a conocer a las chicas que asistían sólo cuando se unían al taller.
Lobita era una de aquellas chicas, ya que a pesar de estudiar frente a la plaza no llegué a conocerla hasta una tarde de abril. Ella huyó de clases de computación en su colegio para asistir al taller, razón por la que de un día para otro desapareció. Cuando comencé a extrañarla no tuve que hacer muchos esfuerzos para estar en contacto con ella, ya que me envió mensajes con una amiga para que nos reuniéramos. Era obvio que aquello llevaba su qué.
Ahora que miro hacia atrás, no me cuesta mucho recordar su rostro, su piel, sus labios. Me llegué a obsesionar con su piel pálida, su voz acogedora, la suavidad que encontraba en sus manos y sus besos, los más sinceros que había recibido hasta el momento. Solíamos pasar horas hablando de la vida, de nuestras vidas, pero nunca nos atrevimos a proyectar lo que sucedía entre nosotros. Quizás por eso las cosas fueron tomando otro rumbo.
Nos habíamos obsesionado el uno con el otro, nos obsesionamos con nuestro presente, con lo que vivíamos, con aquellas caminatas en que, sin proponérnoslo, extendíamos las cuadras que había entre la Plaza Brasil y su casa. Deseaba que el tiempo se detuviese para seguir recorriendo su rostro suave con mis besos.
El presente, como siempre, se volvió pasado. Las caminatas se hicieron más cortas, los besos más fríos, las caricias se desvanecieron. Parecía que el futuro no tenía nada que ofrecernos. Incluso el teléfono dejó de ser una escusa para hablarnos. Luego las noticias se hicieron esporádicas, hasta que finalmente nos alejamos.
A veces, cuando hay luna llena, me obsesionó con su recuerdo, con sus ojos, con su nombre.
(continuará)

Parte II: Amor Infantil

Este domingo se me ocurrió leer la revista 'Mujer', ya que aparecía una entrevista a la viuda del coronel Huber, pero hojeando en sus coloridas páginas llegué hasta el horóscopo. En el decía "Se ha cerrado totalmente en lo emocional, aunque no con algunos íntimos que comprenden su lucha. Ábrase a las posibilidades que le esperan tan pronto se dé cuenta que la vida no está acabada. Créalo o no, es sólo el principio", algo que se ajusta bastante al momento que vivo hoy, si bien comprendo la superficialidad que poseen los pronósticos astrológicos publicados en este tipo de medios. Las ideas allí expuestas me permiten continuar con mi análisis.
Hasta los 18 años no busqué seriedad en mis relaciones, sino mantener compañía a mi lado, explorar el mundo de la mujer a través de sujetos que comenzaban a explorar su propio mundo, su propia femeneidad. Así es como llegué a tener parejas esporádicas, sin sentir por ellas más que atracción y un cariño cercano a la amistad.
Al estudiar en un colegio de hombres, resultaba bastante fácil ser blanco de las miradas de las chicas de colegios cercanos, lo que dejaba el campo abierto a mi exploración y conquista tan superficial, pero que debo reconocer como parte de mi pasado, de mi aprendizaje emocional. Aproveché al máximo para descubrir el mundo de la mujer y, también, descubrirme y explotar mi admiración por ellas.
En este amor tan infantil, tan inmaduro, fui conociendo sus fortalezas y debilidades, sus imperfecciones y la apatía de muchas por superarlas. Es poco lo que llegan a sorprenderme ahora, y aquellas que lo logran se ganan mi profunda admiración y respeto. Bajo esta premisa me he mantenido muchos años, llevándome, eso sí, profundas decepciones. Pero también me he decepcionado de mí, en especial porque a muchas de estas primeras mujeres que estuvieron en mi vida apenas las recuerdo y tampoco hago muchos esfuerzos por recordar los pequeños detalles que me llevaron a ellas. Las generalicé.
Hoy, sin embargo, he deseado recordarlas, aunque tambiénen general, porque fueron parte de mi vida, lo compartido con ellas, lo aprendido, es un escalón más en la evolución que me ha llevado (o traído) a ser lo que soy.
Gracias, niñas.
(continuará)

Wednesday, April 12, 2006

Parte I: Mi Compañera

La negra llegó a mi vida una tarde de otoño, negándose a partir a pesar que ha pasado ya más de una década, una década unidos por lazos que para la mayoría parecen tan frágiles por más que el tiempo se ha encargado de demostrarles que aquellos están profundamente arraigados en nuestros corazones. La distancia física se hace tan evidente en muchas ocasiones, pero de algún modo continuamos conectados, como si el destino dejara su caprichosa marcha a un costado para permitirnos disfrutar del cariño que nos tenemos.
A la negra la adoro, a pesar de sus errores (y los míos), la adoro porque sin importar cuántos años han pasado ella se las ha arreglado para estar conmigo incluso en los instantes en que nadie más pudo o quiso quedarse. La adoro porque de algún modo hemos madurado juntos, pero al reunirnos parece que el tiempo se ha mantenido inmóvil y basta que en nuestros rostros se dibuje una sonrisa para retornar una década.
Debo reconocer que alguna vez todo ese amor contenido traspasó los límites de la amistad, llegando a probar sus fugaces labios. Aún así, nuestra amistad siguió igual de fuerte tras las más duras pruebas a las que pueden enfrentarse una mujer y un hombre que comparten una relación así.
Luego de tantos años, no me sorprendería que termináramos casados, pero tampoco resultaría extraño que nuestra amistad perdure por los años que nos quedan por vivir. Lo cierto es que sin importar cómo termine (o continúe, para ser más precisos) nuestra historia, siempre ocuparemos un lugar importante en el corazón del otro.
Morena mía, te quiero un montón. Desde la distancia te mando un abrazo rande, rande y un besote infinito, cosa que no te olvides que no te olvido y que no olvido que no me olvides. Te amo, negrita.
(continuará)

Abril, mi mes del (anti)Amor

No podrían ser menos claros los motivos por los que este mes es clave para mis sentimientos, sólo sé que no puedo quedarme sin hacer algo, al menos tratar de comprender el porqué de mi actual situación.
Llevo algún tiempo sintiéndome como cigarrillo sin fuego, incluso en ocasiones como fuego sin cigarrillo -aclaro que me da más lata pedir un cigarrillo que pedir fuego-, algo me falta, algo se me ha perdido. Algo o alguien.
He intentado creerme el cuento que algunos han planteado sobre mí, el del lobo solitario que sólo tiene compañeras esporádicas y no valora a la familia. Lo cierto es que no puedo ser así, no me es posible proyectarme al futuro por mi cuenta, careciendo de alguien con quien compartir mis logros. Debo reconocer que no estoy con mi familia, pero aquello no implica que no quiera construir un proyecto mejor que el que me ha tocado vivir.
Para algunos Abril implica cogollos mil (podrían rajarse con alguno), pero para mí es un instante crítico en el aspecto emocional. Si bien llevo meses reflexionando sobre esto, es ahora, en las tardes calurosas y las noches heladas, en los árboles llorando sus hojas, en el cielo cada vez más oscuro, que le tomo el peso a lo que ocurre en mi vida.
Durante este mes iré desarrollando estas ideas, mientras recuerdo a algunas mujeres que han marcado mi vida.
(continuará)

Sunday, April 02, 2006

Espacios públicos y represión.

Desde hace algún tiempo la universidad ha adoptado una política que, en términos concretos, resta las posibilidades de los estudiantes para utilizar los espacios dentro de la PUC. Casos como los matrimonios en Oriente o el cobro por el uso del quincho de San Joaquín son claros ejemplos de ello, y podríamos continuar.
Durante la segunda semana de marzo, y como forma de recibir a los novatos de Humanidades, los cuatro Centros de Estudiantes realizaron una serie de actividades que incluyeron una fiesta. Tras esta actividad, cuatro personas que trabajan en los CCEE -entre ésas me encontraba presenciando el asunto-, se quedaron para realizar la limpieza del patio, cosa de no recargar a las tías del aseo y como parte del compromiso hecho con Donald Greig, administrador del campus San Joaquín. Misma tarea habíamos hecho el día anterior luego de una tocata, por lo que seguimos el mismo procedimiento: avisar a la central que nos quedaríamos para limpiar.
Sin embargo, en esta segunda ocasión, se presentó una camioneta y varios guardias con la intención de sacarnos del recinto , cuando recién comenzábamos la tarea del aseo, y se generó una larga discusión. Eran ya cerca de las 00:30 cuando el efectivo a cargo llamó al administrador a su casa para informarle de nuestra presencia, tras lo que la universidad se "ofrecía" a trasladarnos en taxi a nuestras casas, que en caso de algunos de nosotros hubiese superado los $20.000, suma que habríamos tenido que cancelar después.
Comprendemos que la labor de los guardias es mantener la seguridad dentro del campus, pero consideramos exagerado el modo en que se trató el asunto, en especial al tomar en cuenta que ellos tenían en su poder todos nuestros datos en caso que pasara algo. A la mañana siguiente se presentó en el auditorio de la Facultad el rector, Pedro Pablo Rosso, para entregar los premios Padre Hurtado, y con la cantidad de basura que había, las tías no hubiesen alcanzado a asear antes de su llegada.
Si bien finalmente pudimos limpiar el espacio ocupado y quedarnos en las oficinas, debido a la imposibilidad de marcharnos a la hora que terminamos la tarea, quedamos con el amargo sabor de sentirnos presionados, a pesar de realizar una colaboración a las tías del aseo y cumplir con el compromisos que hicimos para ocupar el espacio, ya que es nuestro espacio y hay que cuidarlo como tal.
Daniel Gallegos
Geografía
Carlos Morales
Historia