Monday, October 13, 2008

La medida justa es...

...entre 80 y 100 kilómetros. Al menos esa fue la conclusión a la que llegamos con una amiga al discutir el tema el sábado pasado.
Desde luego hablábamos sobre distancias y no tamaños. Para ser más claro, la idea era plantearnos la distancia perfecta que debe existir entre la casa de la pareja y la propia para que ni la cercanía ni la lejanía volvieran la relación un infierno. Y aunque para la mayoría resulte exagerado (y más de alguno considere que es poco), nosotros encontramos tanto cómodo como lógico mantener esos valores.
Para explicar la idea tengo que hacer una pregunta clave: ¿quién ha sentido alguna vez que la bruja o el psicópata de turno absorve todo su tiempo y/o lo paquea sin motivo cada cinco minutos? Si en este momento está justamente retándole porque está en internet en lugar de dedicarle tiempo, evítese problemas y no ponga cara de querer responder con otra cosa que no sea un 'no, amor, yo soy feliz contigo'. Si no es así, entonces puede admitir abiertamente que es una soberana lata que las cosas se hayan puesto tan mal y que es bastante ingenioso el saber sobreponer la distancia a una potencial falta de espacio y libertad.
Pero con 80 a 100 kilómetros puede evitarse además esas inesperadas llegadas que, si bien en algunas ocasiones son placenteras, la mayor parte del tiempo interrumpen un instante de descanso, estudio, trabajo o incluso gorreo. Como su pareja no querrá pegarse un pique tan largo y que usted no esté en casa, llamará para avisar de su visita dándole entre una y dos horas para ordenar la casa, esconder a el o la amante, cocinar algo rico para recibirle y echarse una manito de gato (o un zarpazo de tigre en algunos casos).
Como ven, aunque está hecho para nuestra realidad, la idea puede servirle también a más de uno de ustedes...

Wednesday, October 08, 2008

Alegrías urbanas

'Calor de la puta... maldita alergia... como si no fuesen suficientes los problemas...'



Iba pensando en eso y en la camionada de cosas que quedaban por hacer durante el día, pero me distraje al ver un globo flotando en medio de la calle. Más allá de su intenso tono rojo, no entendía porqué no podía quitarle los ojos de encima.



'Es un globo cualquiera,' me dije con firmeza para dejar de pensar en él.



De pronto, un mendigo se cruzó entre los autos. Cuando cesaron los bocinazos logré ver al mendigo en la acera opuesta, sonriéndole al globo rojo...



...después de todo, quizás no era un globo cualquiera.



Sunday, September 14, 2008

Los dos Chiles

Un par de semanas atrás el nick publicado en mi messenger causaba revuelo por su transgresora sinceridad, que para algunos rayaba incluso en la crueldad, si bien creo que sería necesario aclarar que la mayor parte de los comentarios recibidos tras su publicación no hacían más que confirmar y adherirse a mis palabras. Dejando de lado los rodeos, el mensaje redactado hacía alusión al accidente que costó la vida a nueve quinceañeras del precordillerano Colegio Cumbres, cuestionando si acaso las reacciones generadas tanto en los medios de comunicación como en el Gobierno hubiesen sido similares de ser las víctimas del accidente quienes recorrimos recientemente el Norte Grande como parte de un terreno de la Universidad Católica Silva Henríquez.



De las escasas críticas negativas que recibí en esa oportunidad deseo reparar en una en particular, proveniente de una amiga vinculada a los ya mencionados medios de comunicación. A pesar de estar medianamente acostumbrada a ese tipo de "salidas de madre" de mi parte, ella consideraba que mis palabras resultaban bastante inadecuadas e inconvenientes ante la proximidad de la tragedia; sin embargo, salí de inmediato en defensa de mi propuesta argumentando que de carecer ésta de un contexto mediático sobre el cual sostenerse de seguro perdería su valor e impacto como cuestionamiento a la desigual sociedad en que nos encontramos. Esto sirvió para que mi amiga comprendiese, al menos en parte, la postura presentada.



Pasados unos días he vuelto a meditar sobre la crítica social previamente realizada, motivado por una carta publicada al comenzar esta semana por el diario La Tercera. En la misiva, Dalila Rivera no duda en comparar el accidente ocurrido en la Región de Arica y Parinacota con aquel que cobrase la vida de seis personas -tres escolares y tres adultos- en la ruta L11 que une Linares con Panimávida en la Región del Maule este mismo año, reparando en que además de ser víctimas fatales de ambos hechos niñas de colegios católicos, al parecer éstos no tendrían más elementos comunes a los ojos de la opinión pública.



Al detenerme a reflexionar con los comentarios de la mujer vuelvo a encontrar sentido a mis palabras al ver cómo las escolares del Maule debieron enfrentar no sólo el accidente, sino además todas las falencias presentes en el sistema público de salud. En la vereda opuesta, y pidiendo al lector mostrar objetividad respecto de la tragedia por un instante, vemos que además de los para nada escasos recursos económicos que poseen las familias involucradas se ofreció ayuda del Gobierno en el transsporte de las jóvenes y sus padres, constatándose también la presencia constante de la Ministra de Educación brindando apoyo a los afectados. A esto se suma la propuesta de algunos por cambiar el nombre de la ruta CH-11 en favor de uno alusivo a las víctimas del exclusivo colegio de la capital.



Considero entonces justo cuestionar el valor que como sociedad asignamos a la vida de las personas, dependiendo de su origen socioeconómico. Resulta contradictorio que bajo el gobierno de una mujer del Partido Socialista se hagas estas diferencias y que tenga más valor un apellido por sobre la dignidad de la vida humana.

Sunday, September 07, 2008

"Niño conoce a niña..."

Mientras le comentaba sobre una de las distracciones que mora en mi mente por estos días, miss Herborn se mostró sorprendida con el uso del término infatuación en la descripción y es que, como confesara mi querida amiga, nunca lo había oído en español. Emulando su sinceridad debo aclarar que no fue hasta consultar un polvoriento diccionario que descubrí no sólo su existencia en la lengua castellana, sino también las discrepancias con la acepción que ambos conocíamos del inglés. En el idioma en que ahora escribo su significado se vincula a la soberbia y la vanidad, mientras que la anglosajona infatuation hace referencia a un encaprichamiento, a dejarse embobar los sentidos. Pero más allá de los cuestionamientos lingüísticos, la pequeña Freckles sabía que mi más reciente historia trataba sobre un juego de primeras impresiones y posteriores encaprichamientos.







Puede resultar bastante tediosa esta introducción, pero necesaria para contextualizar correctamente los hechos y evitar convertir las presentes líneas en otro de esos relatos en que "niño conoce a niña, niño gusta de niña" porque bien sé que la cosa no funciona así, cuestionándome siempre cómo es que se puede sentir algo trascendente hacia alguien que sólo has visto una vez. De más está entonces decir que la honestidad me obliga a definir la trama de esta historia como "niño conoce a niña, niño se distrae pensando en niña".








Todo este asunto tuvo su escenario el domingo de la semana pasada, cuando la reciente operación de mi madre (increíble pero cierto, tengo madre) motivó la visita de algunas de sus menopáusicas y postmenopáusicas amigas, amenazando que mi panorama dominguero de fútbol y relajo podría convertirse en un aburrido aquelarre. Ante el oscuro pronóstico opté por hacer sólo lo justo, preparar la mesa para el almuerzo de las visitas, y luego me dejé caer sobre un sillón con una calafate en la mano para ver el enfrentamiento entre Universidad de Chile y Provincial Osorno. El cotejo fue bastante sufrido, por lo que resultó bastante grato que las "jovencitas", a quienes desvergonzadamente di la espalda durante todo el partido, no hicieran comentarios seudofeministas sobre mi opción programática o mi estereotipada postura frente al televisor.








Tras el final del cotejo, que culminó con una apretada victoria azul, me dispuse a levantar la mesa y servir el correspondiente café que esperaba animara la sobremesa. Grande fue mi sorpresa al encontrarme en la cocina con una de las mujeres que había llegado a invadir mi domingo casi dos horas antes, pero que desde luego ni siquiera había visto ante mi preocupación por el fútbol. Mi desordenada mente ya preparaba la clásica "pick up line", pero alcancé a recordar el contexto en que nos encontrábamos y sólo dejé escapar un amable 'no te preocupes, yo me encargo de la mesa'. Bastó ese pasajero encuentro para decidirme a agudizar mis sentidos ante lo que sucedía a mi alrededor, averiguando que la veinteañera que me ayudaba en la cocina a pesar de mi negativa era hija de una amiga de juventud de mi padre (claro, también tengo padre).








Pero como ando poco jote, finalmente me puse a wiiar -o sea, jugar Wii- para evitar miradas incómodas y comentarios malintencionados de los "adultos" presentes. Sin embargo, una hora después me encontraba mirándola a los ojos, sudando y respirando agitados ambos... por haber estado jugando con la consola, desde luego, no sean malpensados.








Los comentarios malintencionados y desubicados llegaron de todas formas, como si fuera poco de parte de las madres de ambos que estaban sentadas en un sillón justo a nuestras espaldas. Comenzaron a llover los 'mi hijo no quiere pololear', más de un 'mi hija casi no sale' y un directísimo 'hijo, podrías invitar a la Coni cuando vengan los amigos de tu hermano' (todos con sus respectivas parejas, por supuesto). El remate vendría cuando vetustas y veinteañera se retiraban, con una desleal solicitud a la madre de Coni para que se quedara "cuidando a su bebé" de boca de quien otra que mi progenitora. Desde luego ella sólo "bromeaba".








Estos hechos, así como la cercanía de los asados con amigos del "18" y de la maldita primavera me hacen permanecer "al aguaite" ante la posible continuación de esta historia. En una de esas Coni responderá al desafío que le lancé antes de su partida, medio en serio medio en broma, de demostrar que existe una mujer por la que valdría la pena luchar.









Wednesday, August 13, 2008

Mellon Collie & the Infinite Sadness


Soy una persona de piel y pocos siquiera lo sospechan...


Quizás con eso se pueda explicar, al menos en parte, lo que me está sucediendo en las últimas semanas. Más allá del cúmulo de malas noticias que han llegado -dicen que llegan todas juntas-, hace casi un mes que ando extraño, más apático que de costumbre, un estado que Nissa describe como mi periodo y que, según ella, me viene por estaciones con excepción del otoño. El hecho es que sin importar si ando huraño, triste o exaltado, durante estos "periodos" es cuando más necesito del contacto humano. Como diría Burro (de Shrek) 'necesito que me apapachen' y con extrema urgencia.


Si bien existen personas como Nissa que se dan cuenta e incluso tienen el tiempo de filosofar al respecto, la mayor parte de mi ambiente parece optar por evitarme. Se imaginan quizás que cualquier movimiento de su parte sea respondido con una tarazcón, cuando en realidad no muerdo (fuerte). Bueno, volviendo a la seriedad del post, pocos son los capaces de proyectarse más allá de las malas caras y pensar que quizás un gesto, un abrazo, una caricia son algo que necesito en exceso mientras dura esta sensación. Después de todo, mi rostro más que nunca es capaz de reflejar la soledad a la que me niego a acostumbrarme.


Por ahora debo enfrentarme a la realidad de mi hermetismo y de vivir en un mundo en que no importa más que lo superficial. Ojalá existieran más personas sensibles, pero por el momento habrá que conformarse con lo que hay.

Tuesday, June 17, 2008

Portal Valparaíso: la problemática de los pequeños comerciantes porteños

No es novedad alguna que las grandes empresas de retail han ido ganando espacio dentro de la vida urbana, la mayor parte de las veces a costa de la arquitectura de antiguos barrios y los pequeños comerciantes que en ellos habitan. Esta situación es la que se ha vivido desde el año 2006 en la ciudad de Valparaíso, esto a partir de la inauguración del centro comercial Portal Valparaíso perteneciente a la cadena CENCOSUD, propiedad del empresario Horst Paulmann, el que está ubicado en la intersección de las avenidas Argentina y España. La inauguración comenzó el día 16 de febrero de 2006, cuando se abrió el local Easy, a lo que seguirían la apertura el 21 del mismo mes de Jumbo y a mediados de aquel año la tienda París.





La construcción de este centro comercial estaba proyectada desde el 2001, antes que el sector donde está emplazada fuese considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 22 mil metros cuadrados comprados a la Inmobiliaria Marsilia que con anterioridad eran arrendados a la empresa GasValpo. A pesar de tener ciertas consideraciones respecto a la armonía arquitectónica del lugar, el emplazamiento de la mole de CENCOSUD cambió de inmediato el entorno al opacar a otras edificaciones del sector, como es la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y llevar al cierre y posterior demolición de un pequeño paseo comercial a los pies del Cerro Barón. Este último hecho permite comenzar lo que será la principal crítica a esta inversión de Paulmann.


Desde la inauguración de este proyecto se han visto afectados numerosos establecimientos comerciales pertenecientes a los sectores residenciales de los cerros Barón y Placeres, bajando esto sus ventas en forma progresiva ante la imposibilidad de competir específicamente contra el supermercado Jumbo. En términos económicos, podemos decir que esto se debe a las ventajas comparativas que manifiesta Jumbo con respecto a los pequeños comerciantes, ya que la invasión al área de influencia de éstos se hace desde sólo un emplazamiento, el que concentra la oferta de similares productos pero a un menor precio -una de las características principales del negocio del retail es comprar por mayor, reduciendo sus costos y sus precios-, con mayores facilidades de pago si no se considera el endeudamiento posterior del cliente (¿o inocente?). A esto deben agregarse dos factores, como son las tiendas comerciales que acompañan a Jumbo (Easy, París y más recientemente La Polar) y la posibilidad que éste da de la entrega a domicilio, la que según el sitio web del supermercado abarca un radio de 25 kilómetros que incluye Con Con, Viña del Mar y Quilpué.




Ante la problemática que esta situación presenta al comercio detallista del sector mencionado (Barón-Placeres), la primera solución que puede presentarse es obviamente la más descabellada y menos práctica, como es la consideración de los pequeños locales comerciales como parte de la identidad de los barrios en que se enmarcan, por tanto también parte del patrimonio de la ciudad, lo que justificaría un subsidio en defensa de éstos. Pero tal como mencioné, esta situación es descabellada y poco práctica, partiendo desde el hecho que la UNESCO sólo considera la arquitectura dentro del Patrimonio de la Humanidad, a lo que se agrega que ni el Estado ni la Municipalidad cuentan con los recursos para esto o para enfrentar a un gigante como CENCOSUD ante la posibilidad de un recurso judicial en contra de la medida (el costo de vivir en una sociedad capitalista).




Ante el fracaso de tal opción se presenta otra, más viable y enmarcada dentro de las reglas del Mercado. Esta se enfoca en la fusión de los pequeños comerciantes para generar un departamento de adquisiciones al que le resultaría más sencillo negociar con los distribuidores en busca de una disminución de los precios a partir de la compra a mayor escala de los productos (como ha hecho la cadena MTS para enfrentar la irrupción de Easy y Homecenter/Sodimac). Esta acción permitiría también bajar sus precios para retomar el área de influencia que poseían con anterioridad a la construcción de Portal Valparaíso, a través de un funcionamiento que ha estado presente en la historia nacional a partir del auge de las cooperativas. Asimismo, a esto podría sumarse el generar un acceso a formas de pago similares a las presentadas por CENCOSUD, de preferencia con menores intereses, las que acompañarían o reemplazarían al crédito simple (mejor conocido como fiar). Obviamente, estos nuevos elementos se agregarían a lo que es una característica de estos negocios que grandes supermercados como Jumbo no puede igualar, como es el trato personalizado y familiar presente en el comercio pequeño.

Cosas de la rutina urbana

Quedé atónito, tengo que admitirlo.


El jueves de la semana pasada iba caminando por Marín, desde Portugal hacia Lira -ya saben, escuchando música, fumando, lo de siempre-, y me encontré con algo insólito. Frente al Edificio del Claustro, justo al lado de un letrero que dice 'no estacionar de 7:00 a 20:00 hrs.', estaba parado un auto a las 8:20 de la mañana. Como si fuera poco, estaba estacionado en el espacio entre la entrada y la salida de vehículos del mencionado edificio EN DIRECCIÓN CONTRARIA AL SENTIDO DEL TRÁNSITO (hecho justificable en vías reversibles como San Ignacio, pero no en Marín).


Ya me conocen, saben que me pasé mil rollos tratando de entender cómo demonios estaba ahí el autito, estacionado de esa forma y aumentando el taco matutino. La verdad, no encontré ninguna explicación que satisfaciera mi infinita curiosidad.


Algún despistado debe haber sido el creador de esta joyita santiaguina.


Monday, June 02, 2008

De Elektra y Eros

Me he dado cuenta durante las últimas semanas (aunque antes de forma más somera) de lo recurrente que es para la mayoría de las mujeres que conozco el decir que todos los hombres somos iguales. En honor a la verdad debo confesar que también he caído en generalizaciones de ese tipo al referirme a ellas, pero tal como hago yo ahora no son pocas las excepciones que han salido a mi camino para declamar contra mis palabras con dientes y uñas. De igual manera se vuelve necesario reconocer que la tendencia a generalizar tiene su fundamento en rasgos que parecen inherentes a cada género, algunos de los cuales serán tocados tangencialmente en las siguientes líneas. A pesar de esto, he decidido partir mi escrito proponiendo el uso de la palabra casi antes de nuestros comentarios y así evitar afectar a las excepciones existentes en los bandos en disputa.


Bueno, mis palabras estarán dedicadas entonces a casi todas las mujeres, aunque quizás también a más de alguna fémina excepcional y casi perfecta.


Comienzo por declarar que no soy en ningún caso uno de esos defensores acérrimos del pensamiento de Jung, pero aún así debo coincidir con el psiquiatra suizo en algunas de sus propuestas al ver que no son pocas las mujeres que basan su vida sentimental en la búsqueda de una pareja que se ajuste a los parámetros de la figura paterna que tuvieron. En la teoría esto no parece tan terrible, pero en la práctica bien sabemos que los padres no son perfectos y que nadie les enseña a enfrentar la midlife crisis o crisis de la edad "madura", momento en que muchos hombres terminan convirtiéndose en idiotas o unos verdaderos hijos de puta (si acaso no lo eran antes). Es así como sin reparar siquiera en los hombres buenos que haya a su alrededor ellas salen una y otra vez con idiotas, aunque con mayor frecuencia con hijos de puta.


Estas mujeres tienen además la mala costumbre de tener un amigo cercano al que le cuentan todo, aún sabiendo que el amigo en cuestión involucra otros sentimientos en la relación. En este mundo alterno surgen otro tipo de frases generales, justo en el momento en que se refugian en el amigo en busca de consejo y cariño, como la torpe "¿por qué no salgo nunca con hombres como tú?". Es típico también ver como dentro de las confesiones y los cuestionamientos que hacen surjan justificaciones para seguir babeando por los patanes, en especial aquellas que apelan al amor que sienten por tales hombres -aunque en realidad tiene más atisbos de dependencia-, instante en que el fiel consejero apela al amor propio de su sufrida amiga, lista de todas las características positivas incluída; sin embargo, por más que las mujeres aludidas reconozcan tal falencia, finalmente terminan volviendo con las alimañas que tienen como pareja/pololo/marido o saliendo con otro peor.


Pero también está el otro tipo de mujer afectada por esta extraña variación del mentado Complejo de Elektra, esa que toma la misma actitud que actualmente muestro y basada en similares frustraciones. De la misma forma que piensan que todos los hombres son igual de patanes que sus padres, es asimismo predecible que supongan que cualquier relación en la que se embarquen terminará en un fracaso, hecho que su vincula con la muchas veces inexistente proyección de familia que poseen basadas en el fracaso de sus propias familias. Y este escollo defensivo es quizás más difícil de superar que el vicio anterior, ya que las mujeres que se han acostumbrado a vivir tras él se enfrentan fieramente a la noción de estar equivocadas. Para ellas el lazo entre hombre y mal se superpone en todo momento a la simple idea de verificar la existencia de hombres buenos, aunque sea el mismísimo Spider-Man quien esté ante sus ojos. Las intenciones de un hombre bueno les resultan sospechosas ("algo malo debe tener"), una visión negativa que necesita del proceso de ensayo y error para ser superada, acción que no están dispuestas a ejecutar.


Tras este brevísimo análisis no me quedaría más que reafirmar la decisión tan controvertida de no aproblemarme ante las mujeres. Después de todo, con tanto lío psicológico es mejor esperar a una fémina excepcional que me provoque mariposas en el estómago y hormigueos en la piel antes que sacrificar tiempo y esfuerzo tratando de lidiar o solucionar estas problemáticas existenciales.

Saturday, May 17, 2008

La verdad...

...es que las mujeres no son un problema.


¡Son un montón de problemas!


Quizás en el futuro volveré a sentir que vale la pena aproblemarse...

Wednesday, April 16, 2008

Reflexiones/Tengo un problema

Esto del ahorro energético es un verdadero cacho para quienes para quienes sufrimos de episodios crónicos de creatividad cuando llega la noche. Deben ser cerca de las tres de la mañana, pero me ha resultado demasiado complicado quedarme dormido por estar releyendo tantos relatos que he escrito, e incluso uno que otro que he inspirado (justo tengo uno suyo en mis manos, dear Lady Herborn). Así que en esta fría noche de abril, mientras otros se entregan sin chistar al alcohol y la pachanga de fin de semana, he decidido encender algunas velas para reflexionar y escribir hasta que el sueño me invada.




Como puede suponerse a partir de la lectura del párrafo anterior, es precisamente sobre mis escritos que va este mambo. Después de todo, tanto lo publicado en mis blogs como los borradores inconclusos que penan sobre mi escritorio no son más que un reflejo literario de lo que ocurre en mi vida: lo general, lo específico, pensamientos, sueños, anhelos. En esta oportunidad, eso sí, me detendré con mayor profundidad en los relatos, en la prosa que estalla en http://crudaprosapoetica.blogspot.com/ porque es en esta forma de expresión, más que en cualquier otro escrito, donde se representan los oscuros secretos de mi inconsciente. Para hacerlo más claro, gran parte de las intensas y crudas tramas que envuelven mis letras se hacen presentes como recuerdos de algo que he enfrentado, a veces incluso como golpes emocionales que llegan al ver en el espejo el reflejo de mis ojos, de mi alma.




Pero toda esta reflexión comienza hace cerca de tres semanas, al oír de boca de uno de mis lectores habituales cómo en uno de sus ratos libres se había dado el tiempo de repasar una de mis historias, ficcional eso sí, pero no por eso carente de un dolor desgarrante capaz de sacar más de una lágrima. Su comentario apuntó precisamente a esto último, a la aflicción que provoca la temática del amor perdido. Esto trajo a mi memoria las acostumbradas críticas de la Jose Herborn, el constante apaleo a mi recurrente opción por la sobrevalorada trama del amor inconcluso, inalcanzable, inoportuno... en resumen, que casi en su totalidad mis relatos son acerca de amores imposibles. Y claro, como suele ocurrir, mi partner in (writing) crimes tiene razón.




He llegado entonces al momento más complicado de esta reflexión: admitir que tengo un problema; sin embargo, a pesar que en este instante lo hago explícito, creo que de algún modo hace tiempo que he venido reconociendo su existencia al escribir. El gran problema por el que ahora paso es el andar por la vida creyendo que el amor no es más que una ilusión, un imposible, un sentimiento tan frágil que no hace más que romperse al ser tocado por nuestras torpes, inmaduras, crudas emociones. Debe ser por esto que me he vuelto un discapacitado del amor, boicoteando consciente e inconscientemente cuanta oportunidad romántica surja en mi camino, por muy nimia que sea. Es decir, en un mundo donde los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus, no es que no sepa hablar venusino -porque de hecho lo hablo fluidamente-, sino que me niego a hacerlo. He llegado a utilizar para excusarme un sinnúmero de razones con tal de cerrarme a la posibilidad de encontrar el amor, tales como optar por concentrarme en los estudios, la creación de estereotipos femeninos imposibles de encontrar, el amor por la camiseta, e incluso algunas tan tontas como "no se puede confiar en un animal que sangre por cinco días y no muera". Desgraciadamente, esto me está arrastrando a lo que más temo: acostumbrarme a la soledad.




Hasta hace algún tiempo, la sublimación de estas emociones era su único modo de expresión, pero hoy puedo decir que en mí reina la apatía. No ha faltado el mal intencionado que cuestiona por esto mi sexualidad, cuando lo cierto es que mataría por una mujer con la cual ser feliz, pero no ahora, no cuando siento que ninguna fémina sería capaz de moverme el piso, rock my world como dicen en otras latitudes. Quizás sea cierto que todas las mujeres son iguales, pero no cuando los ojos son nublados por el amor, y ése es un sentimiento que hoy por hoy se presenta muy lejano.




Buena suerte le deseo a la mujer que quiera conquistarme, sé que será una ardua labor.

Wednesday, March 12, 2008

En busca de un recuerdo

Les ha pasado alguna vez que recuerdan de pronto a una persona y luego pasan días sin que puedan sacarla de su cabeza. No me refiero, desde luego, a cuando están involucrados sentimientos intensos, sino a aquellas ocasiones en que la casualidad trae de vuelta un nombre que no han escuchado en mucho tiempo y la curiosidad te impide olvidarlo así como así, por lo que te sientes invadido a cada instante por el ¿y qué será de...? Bueno, es obvio que mientras escribo anda dando vueltas en mi mente el recuerdo de alguien, de una mujer para ser exacto, y me gustaría saber qué será de Marité.


Hace algunos días, mientras hablaba por teléfono con la Negra, surgió el nombre que escuché por vez primera poco más de una década atrás. Al tiempo que coincidíamos en que era necesario que nos juntáramos para ponernos al corriente, la Fran mencionó que había sido invitada a una suerte de reunión que congregaría a sus compañeras de cuarto medio y era la "chica Rocco" una de las principales organizadoras. Como es su costumbre, pronunció el nombre Marité con su qué, pero en esta ocasión sí ha logrado quitarme el sueño al hacerlo.


Como esto viene con un breve relato, parto por decir que fue precisamente en la parcela de la Fran donde conocí a María Teresa Rocco, en una fiesta de fin de año donde mi amiga fue una anfitriona casi obligada, por lo que mi presencia debía ser un consuelo para ella. Y digo debía ser porque ya en la cancha las cosas tomaron otro rumbo.


Tal como se ha hecho costumbre, llegué temprano al lugar para ver si mi querida amiga necesitaba ayuda afinando los detalles para la fiesta y así hizo también Marité, ya que su hermano era el dj de turno. Y como era de esperarse comenzamos a hablar, en un primer momento con preguntas sobre uno de mis compañeros de curso que lo había sido antes de su hermano, para luego plantearnos temas más personales y también trascendentales al ritmo de las melodías de moda (como 'El venao' y 'Se a vida é').


Tal como comenté, finalmente no cumplí con el objetivo de apoyar a la Fran porque, para ser sinceros, casi ni nos vimos. Esto es lo que ha causado que hasta el día de hoy me molesté con su ex-compañera, instancia que casi puedo catalogar como celos al ver que la atención de su amigo se fuera hacia una persona que para ella, extrañamente, no fuera la apropiada. Lo cierto es que hasta el día de hoy no sólo soy objeto de comentarios incómodos de parte de la Negra, sino también de su madre, quien de algún modo siento que esperaba algo más de nuestra amistad al hacer comentarios con su familia del tipo es un amor o es tan caballero.


Bueno, pero de la Fran volveré a hablar después de nuestra próxima reunión. Ahora retomo el tema -o mejor dicho, la mujer- que me ha traído frente al computador.


De las siguientes semanas pasé uno o dos días de cada una de ellas visitando San Bernardo, un lugar que aunque esté relativamente próximo a mi casa santiaguina, hasta el día de hoy carece de locomoción directa (pareciese que lo importante es sólo llegar al centro de Santiasco). Es obvio que lo hacía para reunirme con Marité, quien a pesar de la brevedad de su estatura había logrado conquistarme con su carácter. Fue así como pasamos tardes enteras -que desafortunadamente se convertían con rapidez en noches- hablando sobre temas nimios y profundos por igual. De cuestionarnos la sexualidad de Lucio Dalla, intérprete de la olvidada 'Atenti al lupo', pasábamos con prontitud a hablar sobre pasado, presente y futuro. En mi memoria aún deambulan los recuerdos de las despedidas cuando su madre bajaba del bus en Avenida Colón, sus comentarios incómodos por la relación que alguna vez tuve con una de sus compañeras e incluso sus intentos por llamar mi atención al quejarse por no tener tanto busto como caderas, y bien digo intentos porque la atención ya la tenía.


Pero claro, ésta es una de mis historias, así que debe terminar con un momento de separación. Los constantes viajes a San Bernardo agotaron por completo mis recursos económicos -que en ese entonces apenas constaban de una paupérrima mesada-, razón por la que progresivamente nos fuimos distanciando. Finalmente, al cambiarse ella de casa perdí todo contacto, ya que a pesar de seguir siendo compañera de la Fran, mi amiga no me facilitaría las cosas para retomar el contacto.


Han pasado hartos años, demasiados quizás, pero aún así me gustaría encontrarme con ella, conversar de lo que nos ha ocurrido en este tiempo, decirle que aunque hace mucho que perdió el perfume sigo guardando el oso de peluche rosado (sí, rosado) que me regaló y que su tono hace que destaque en mi habitación, pero por sobre todo anhelo que sepa que no la he olvidado, que en más de una ocasión me vienen estos lapsus en que lo único que deseo es volver el tiempo atrás para verla, para no perderla.


Mientras escribía le he enviado un correo a la Fran pidiendo que nos ponga en contacto. Espero que esta vez mi amiga sea más indulgente y le preste algo de ayuda a su Negro.

Monday, January 28, 2008

A world worth saving

Al parecer toda esa batalla que tuvimos por mucho tiempo con Josefina respecto del heroísmo y ser distinto a los demás ha llegado a su fin, o al menos a una tregua. Para aquellos que no tienen idea de lo que hablo -que debe ser la mayoría-, hago el cuento corto: como cualquier niño siempre quise ser un héroe para salvar al mundo y a diferencia de muchos no me volví un villano al crecer. Tras tantos años, y sin intención de ser mesiánico, se ha desarrollado en mí una habilidad que escasea por estos días y que irónicamente para algunos ha significado casi la existencia de un súper poder. Obviamente esta situación había generado constantes discusiones con la Jose, quien se mostraba algo excéptica con todo esto, en especial porque eso de preocuparse por los demás no sólo puede parecer poco importante sino que puede convertirse en un arma de doble filo. Sin embargo, los reparos que mi menuda amiga tenía con lo del heroísmo se desvanecieron coincidentemente el día que vimos el estreno de la segunda temporada de 'Heroes'.

Cuando terminó el programa fuimos a comer a un par de cuadras de su casa, a uno de esos sobredecorados restaurants chinos que abundan en las comunas periféricas. Mientras engullíamos los tremendos platos que llegaron a nuestra mesa, la Jose no perdió tiempo en contarme sus peripecias que rayaron en ese heroísmo que tanto me criticó. Por supuesto que no me refiero a la simpleza de escuchar un amigo (que con los amigos que tenemos requiere de harto heroísmo, la verdad), sino de estar ahí también para el resto del mundo. Y es que Josefina no sólo se conformó con escuchar y dar consejo a una pobre teenager que sufría en la micro por culpa de uno de esos ejemplares de mi género que dan ganas de golpear hasta la muerte, sino que además no dudó en lanzarse frente a un auto para rescatar a un pequeño que había sido descuidado por su madre. Para ella bastó con ser una heroína para comprender mi necesidad de ser un héroe, y es que en parte es la adrenalina que te produce ese momento o la satisfacción de sentir que has salvado una vida, un alma, un momento.


A partir de su relato y la comprensión de esto llamado "heroísmo", comenzamos una entretenida conversación sobre esas cosas de las que antes hablaba sabiendo que para ella eran completamente ajenas. Finalmente fue difícil no reconocer su punto al respecto, su crítica a cómo he abordado las cosas los últimos meses y el pesimismo que parecía quitarle sentido a mi propuesta. Después de todo, al mundo no hay que salvarlo porque sí, sino porque uno sabe que vale la pena salvarlo.

Monday, January 07, 2008

La mujer en el espejo

Como es habitual, muchas hojas de cuaderno y también días se han ido mientras intentaba darle sentido a este escrito. Eso sí, en esta ocasión los cuestionamientos poco tenían que ver con el cómo escribir centrándose más en el propósito y si acaso sería bueno hacerlo, en especial ante la posibilidad de que el tema se convirtiese en el elemento que rompiera la extraña estabilidad a la que me enfrento ya sea para bien o para mal. Motivado quizás por la semana que pasé junto al mar es que he decidido terminar de una vez este relato, cosa de aburrir una vez más a los anónimos lectores de la World Wide Web.



A modo de preámbulo debo decir que a pesar de mi apariencia serena y mi continua disposición para aconsejar a los demás en materia sentimental, por bastante tiempo me he sentido condenado a la cruel desventura de sueños destinados a romperse. La noche no ha querido irse de mi lado y tampoco es mi deseo alejarme de ella, mi fiel compañera en solitarias y angustiosas jornadas de espera que por momentos siento durarán por siempre. Con sacrificio y dolor mi misteriosa amiga ha logrado enseñarme que hay vida más allá de la rutinaria existencia en la que nos sumergimos sin siquiera pelear, sin una palabra, sin un suspiro de súplica. Sé que resulta difícil comprender esto, cómo es que alguien puede preferir la noche, pero es necesario entender que es a la luz del día que los actos de mi padre me mostraron un mundo en que el amor no es más que una serie de impulsos instintivos que por costumbre nos ligan a sólo una persona, costumbre que como todas puede perderse. Ha sido en la oscuridad de la noche que he aprendido lo contrario, que he querido optar por lo contrario.



Bueno, esta historia, como tantas otras en mi vida, inicia con la simpleza de un juego, con las miradas y la coquetería acostumbradas. Llegado el momento de recordar me doy cuenta que la oscuridad ha traído un nuevo regalo, y es que es en la noche cuando me resulta más fácil proyectar el recuerdo de las tardes en que, sin conocerla aún, anhelaba encontrarme con sus ojos capaces de conquistar el mundo, mi mundo. Pero fue a la sombra de unos árboles, en la orilla de un río junto al Cajón del Maipo que me encontré por vez primera y de manera sorpresiva frente a ella, incapaz de huir mientras la oía hablar sobre detalles de ese paisaje que el tiempo y su belleza volverían intrascedentes. Debo aclarar que en ningún caso es mi intención restar mérito a su discurso, es sólo que éste carecía del poder presente en el suave tono de su voz y en el misterio oculto en sus brillantes ojos. ¿Quién podría comparar la naturaleza de una solitaria roca junto al río con su naturaleza de mujer? ¿Quién querría preocuparse de la rugosa textura de una roca sedimentaria si se está ante la lozanía de su piel?



En mi memoria sigue habitando el miedo que me invadía cada vez que quise conocerla, el mismo miedo que siento al pensar que sus jóvenes ojos podrían recorrer estas palabras que se ha vuelto necesario escribir. Ya una vez los días crecieron en preguntas, pero ausentes de las respuestas que requiero para enfrentar mis temores. Así es como vi llegar el término de un semestre, el inicio de otro mientras en mi mente aguardaba su recuerdo en busca del momento indicado para resurgir, algo de lo que la casualidad supo encargarse. En un nuevo juego, esta vez de pool, encontré la génesis que me llevaría nuevamente frente a sus ojos, compartiendo ahora con los míos una sala de clases y con la posibilidad de conocer el nombre de la mujer que por tanto tiempo se mantuvo en el anonimato, casi como otro invento de mi activa imaginación. Sin embargo, los temores me permitieron sólo observarla desde una silenciosa distancia.



Nuevamente veía otro semestre acercándose a su fin con un ritmo agobiante, robándose la poca espontaneidad que en mí restaba y que es el principal ingrediente que necesito a la hora de convertir miradas en palabras. No podía dejarme estar, me vi presionado a actuar escudándome en razones académicas para lograr ser algo más que un mudo espectador. Aún así, por más que las piezas se movieron de forma perfecta, en el último instante vería desaparecer el tablero frente a mis ojos. El destino, eso sí, me tenía preparada una sorpresa, ya que ante la repentina cancelación de un viaje otro surgía y sus rápidos preparativos trajeron consigo el que por primera vez sintiese su voz fuera de la formalidad académica y, para inesperada satisfacción, pronunciando mi nombre (el que creía ella desconocía). Aquel encuentro trajo consigo también la calidez de un abrazo nunca imaginado, logrando que un corazón que por tanto tiempo había sobrevivido de dolor se llenase de alegría e ilusión. Al regresar de mi viaje estaba listo para enfrentar un nuevo atardecer, el inicio de una nueva noche, por lo que vi desvanecerse el temor ante el resurgimiento de mi amada espontaneidad: sin previo aviso y carente de fanfarrías llegaba la tan ansiada oportunidad de invitar a salir a la mujer de los ojos misteriosos.



Desde el día de ese nuevo encuentro mi cabeza se ha llenado de renovados cuestionamientos, algunos tan efímeros como la taza de café que me acompaña, la mayoría poderosos y profundos como el océano. Cada vez que se ha abierto la posibilidad veo como el tiempo escasea mientras la conozco y me dejo conocer, sabiendo que en el misterio de sus ojos puedo encontrar también el de los míos. Si bien hay momentos en que deseo no verla, no saber de ella, no sentirla ni lejos ni cerca, desconocer por completo su cautivante existencia, finalmente sé que es mejor saber que hay alguien como ella, alguien capaz de hacerme soñar despierto sin la necesidad de romanticismos caprichosos. Con ella, tal como conmigo, siempre debe esperarse lo inesperado, y es que en ella he encontrado mi reflejo, mi igual...



(¿continuará?)

Thursday, December 27, 2007

The Grinch (once again)


El título parece bastar, ¿no? La verdad es que la relación que tengo con estas fechas es a menudo comparable con la del verde y peludo personaje que fuera interpretado en el cine por el multifacético Jim Carrey, con excepción de las motivaciones. Mientras que el odio del Grinch hacia la navidad tiene su génesis en un trauma infantil, mi rechazo hacia esta celebración pasa por ser consecuente con mis ideas: simplemente no creo ni en cristo ni en el capitalismo, así que el 25 de diciembre es sólo un día más en el calendario. Sin embargo, para mi desgracia el mundo no se muestra muy abierto a aceptar mi honestidad ni respetar mi decisión, en especial si eso significa no recibir regalos de mi parte.


Eso es sólo el comienzo de mis problemas, y es que este año nuevamente estoy pasando una fecha que se supone uno comparte con los que más quiere -y que per sé es una fecha más- raptado por los Corleone (como si la familia importase o fuesen quienes quiero), otro más de sus gangsteriles intentos por mantener tradiciones que no tienen ni pies ni cabeza. Extrañamente me he sometido al conformismo, todo para quedarme solo y tranquilo para año nuevo, lejos de Valparaíso quizás pero también lejos de ellos. Un buen comienzo para el año entrante.


Por ahora al menos estoy sentado mirando el mar, Emilie suena en la radio (¿sólo a mí me gusta el electropop francés?) y mañana estaré lejos de "ellos"... y claro, no soy verde y peludo.

Monday, December 10, 2007

El nuevo cuaderno

La semana anterior a mi cumpleaños el pastel del Gabo llegó a la sala de estudio con un cuaderno que había comprado en el patio a niños provenientes de una escuela diferencial. Ante la entonces cierta posibilidad de encontrarme con Carolina decidí bajar a comprar uno también para regalárselo a su hija María Paz, que ya anda por las cuatro años y más que nada porque a esa edad me hacían falta páginas para dibujar. Sin embargo, aquellos planes se disolvieron el día previo a mi cumpleaños y el cuaderno pasó adornar un rincón de mi habitación.



Han pasado dos semanas y de pronto me veo en la necesidad de escribir, pero carente de páginas en las que hacerlo. Desde el rincón en que lo dejé el pequeño cuaderno me llama, haciendo notar el paisaje construido con lana y retazos que adorna su cubierta. No hay nada que hacer más que dejarse llevar por la tentación y tomar el cuaderno para llenarlo de comentarios, críticas, relatos que están siempre presentes en este viaje que es la vida.



Quizás no ha pasado nada muy "wow" desde la última vez que apareció un post en alguno de mis blogs, pero eso no significa que no haya nada interesante que contar. Por el contrario, este fin de semestre es expresión del fin de un nuevo proceso en mi vida, de una nueva oportunidad, de una nueva posibilidad para cumplir con mi destino (cualquiera que éste sea). Un nuevo cuaderno para este nuevo final, páginas en blanco para relatar todo lo interesante que está ocurriendo.


Vamos con las sorpresas... y las que no lo son tanto...

Tuesday, November 13, 2007

El tío Ben y los héroes cotidianos.

Desde aquella tarde en casa de Josefina mi mente ha girado en torno a las críticas que ella hizo ante mi futil intento por hacerla sentir mejor y alejarla de las penas que la aquejan, deteniéndome una y otra vez en la forma que usó para decirme que soy un hombre común y no el héroe que trato de ser gran parte del tiempo. Me hizo llorar, lo reconozco, tanto por ver a quien muchas veces ha sido mi sostén emocional atrapada en un problema que me resulta inexpugnable, como por lo hiriente de sus dichos, los que contrastan profundamente con otras ocasiones en que no ha dudado en defender esta extraña cualidad mía -tan absurda e innecesaria para algunos- que es buscar ser una buena persona y ayudar a los demás. Esto ha causado incluso que rehuya el contacto con ella, brindándole un apoyo lejano a través de los medios que entrega la tecnología.


Sin embargo, el pasado domingo volví a encontrar esperanza en una instancia que suele generarme el efecto contrario, como es la lectura del periódico. Ocupando un considerable trozo de página se presentaba una noticia de la ciudad brasilera de Palmeira, lugar donde un menor de cinco años le recordó al mundo que en la cotidianidad todos podemos ser héroes. Vestido como "el amigable vecino" Spider-man, Riquelme Wesley dos Santos no dudó en interrumpir su juego infantil para enfrentar las llamas aue consumían una casa vecina y rescatar a Andriele, una pequeña de 22 meses. Siguiendo el ejemplo de la creación de Stan Lee, el niño no sólo arriesgó su vida en el rescate sino que también rechazó la recompensa que se le ofreció tras el rescate.

Dentro del comic el tío Ben enseña al joven Peter Parker que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, lección que se ve manifestada en el heroísmo del menor de Santa Catarina. Riquelme no posee ningún poder que lo diferencie del resto de los hombres y aún así se convirtió en un héroe al utilizar algo que es inherente a todos para salvar a su pequeña vecina. Es esa elección la que lo hace diferente, una opción que todos debiéramos tomar pero que en definitiva somos (sí, SOMOS) pocos los que lo hacemos. Eso es lo que define a un héroe.

Pero a pesar de creer que -como dijo la tía May en Spider-man 2- hay un héroe en todos nosotros, también es cierto que el peor enemigo que podemos enfrentar es el que mora dentro de nosotros. Contra él no nos sirve el heroísmo ajeno, debemos luchar por nosotros mismos aun cuando sí nos pueden ayudar. Es por eso que Josefina debe ser su propia heroína y yo, como su amigo, sólo puedo ser su sidekick en el momento en que ella lo necesite y, en especial, lo solicite. Hasta entonces la única ayuda que puedo brindar es estar a su lado.
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Amiga, te quiero un millón. Ojalá pronto salgas de esto.

Thursday, October 25, 2007

Preguntas elementales.

Hace semanas que ando con una pregunta de esas que te persiguen desde que despiertas: ¿marraqueta o batido?


Sé que puede parecer una tontera y más de alguno no dudará en recriminarlo diciendo que son lo mismo, pero si lanzo la pregunta es porque para mí son muy distintos. Es una cuestión de geografía y sentimientos, de afectos que se extrañan en el diario vivir, de sonrisas que dan felicidad a los instantes más simples. Ir al supermercado a comprar un kilo de marraquetas (cuando hay) que harás rendir para la once, el desayuno y el almuerzo, cosa de no volver a hacer esa cola inmensa que incluye donación a una obra de dudosa caridad no es por ningún motivo similar a ir al almacen de la esquina donde la tía te elige el batido con cariño mientras conversas con ella de tus problemas y sus problemas, despidiéndote luego con un 'nos vemos en la mañana' cuando comprarás para el desayuno. No es lo mismo, no puede ser lo mismo.




Ya no tengo que cuestionarme más, es obvio que me quedo con el batido. Con lo caro que está el pan es mejor que venga con vista al mar.




Placeres con Matta (Monumento a Portales... allá va la 2, ahora 501 en el TMV)

Monday, October 22, 2007

El chiche

No me agrada mucho la idea de ser felicitado. Desde niño me es incómodo enfrentarme a instancias en que se alabe algo bueno que he hecho, sin importar lo ínfimo o magnífico que sea, y la verdad es que nunca he entendido bien a qué se debe. Quizás sea porque siento que uno no debe esperar recompensas para hacer cosas buenas, pero creo que también pasa porque acá, en esta casa, no se acostumbra decirme cosas agradables así que he llegado a pensar que son innecesarias. Y bueno, toda esta introducción es para contar que el jueves pasé por una de esas situaciones y la incomodidad que me provocan, sin estar además preparado para escuchar loas frente a un grupo de personas.


Geoformas es uno de los ramos coladores de mi carrera, a tal nivel que resulta casi imposible superar el 5 en las pruebas. Como ejemplo debo decir que su prerrequisito es igual de complejo y lo pasé apenas superando el 4, no por las pruebas precisamente. Es por eso que cuando el profesor me entregó la prueba al comenzar la clase y Gabo dijo de inmediato 'buena nota, man' me quedé pegado en el 5,1 plasmado en la primera página, saliendo de la ensoñación cuando me di cuenta que sólo entregó los resultados a dos personas. Debo aclarar que a pesar de pertenecer a la sección 1 del ramo el último tiempo he estado asistiendo a la segunda hora porque me voy a jugar pool, me quedo tocando guitarra y, desde luego, por la joven que en ese momento estaba sentada a mi siniestra.


Retomando el relato, el profesor no había alcanzado a corregir las pruebas de la sección 2, así que de pronto comenzó a hablar de las notas de mi sección destacando aquellas que habían estado muy buenas (sobre el 5) y con eso se inició el show. Ivo comenzó a usarme de ejemplo para su explicación de cómo tiene que ser una buena prueba, haciéndome sentir cada vez más y más incómodo, y repitiendo una y otra vez mi nombre. Cuando le iba a decir 'sí, ése es mi nombre, por favor no lo gaste' terminó su discurso diciendo '...y si quieren ver una buena prueba se la piden a su compañero Carlos'.


Hubiese preferido ahorrarme toda esa situación. Nada le costaba al profesor felicitarme al terminar la clase o quizás sólo decir mi nombre unas 10 veces menos porque, aunque algunos se sorprendan, eso de ser el chiche nunca ha sido lo mío.



Sunday, October 21, 2007

Paseando por mis recuerdos

Se viene diciembre, el fin de una larga espera. A mi mente vienen los recuerdos forjados en el puerto, pero me parece que por vez primera escribiré detalladamente sobre ellos. Creo que he sido demasiado ingrato en mis palabras, apelando más a la soledad y la introspección que a lugares y personas, cometiendo el absurdo error de obviar aquello que en definitiva me hace amar mi lugar de descanso, mi ciudad adoptiva. Ahora quiero reparar tal error con una pequeña vuelta por algunos de los lugares que más visito en Valparaíso.



Pequeños Placeres.
Partiré por mi mundo privado, el barrio que a pesar de lo que algunos digan es demasiado tranquilo. Ubicado junto a "la bella sin alma" -la Universidad Técnica Federico Santa María-, tiene como ejes principales las calles Placeres y Matta, arterias por donde transita la locomoción colectiva del Cerro Placeres y en cuya intersección se levanta un monumento que recuerda la muerte de Diego Portales. Mi casa está a la vuelta de ese lugar, en la esquina de Javiera Carrera y Manuel Montt, una excelente ubicación si acaso quiero tomar una micro hacia el plano o hacia Provid... Viña (reconozcámoslo, Viña es Providencia con mar). Tampoco estoy lejos de la Avenida España y de Caleta Portales, donde no sólo puedo tomar el tren o micro hacia una u otra ciudad, además me es posible comprar empanadas, pescados y mariscos frescos para cocinar en la casa, o simplemente tirarme un rato sobre la arena a leer un libro.

Ya de vuelta en el cerro y bajando por Placeres hacia el límite con Barón está Carnes París, un local bastante surtido donde no sólo se compra carne sino también pernil, arrollado y costillar ahumado de fabricación propia. Aunque después hay que subir el cerro para volver a la casa, la calidad de la carne y de los productos preparados hace que valga la pena un viajecito que, sin embargo, no se aplica para la panadería que está al lado y donde prefiero no comprar. Frente a estos locales hay un quiosco donde bajo a comprar El Mercurio, el de Valparaíso por supuesto, y La Tercera, con excepción del fin de semana que los pasan vendiendo por la casa.

Mi mundo más cercano se inicia en Matta, a media cuadra de Placeres. Justo donde me deja la micro se encuentra la Botillería Ravel, lugar donde los encargados de aprovisionarme en mis vicios son una pareja de ancianos muy agradables y tiernos, de los que no te dejan partir sin un '¿y cómo ha estado, hijo?' que me veo gozosamente forzado a responder con la misma amabilidad que ellos ofrecen. Como si esto fuera poco, en el verano son ayudados por su nieta, una pelolais que desborda gracia, belleza y simpatía, así que dan ganas de ir a comprar alcohol y cigarrillos a cada rato.

En la intersección de Matta y Manuel Montt es donde se desvanece gran parte de mi presupuesto. En una de sus esquinas está el local que los Morales sólo llamamos XL, y es que venden chorrillanas, pollos asados, pizzas y todo tipo de sandwiches en tamaños satisfactorios, una opción para esas tardes en que prefieres quedarte en la piscina antes que cocinar. Se ha vuelto clásico el llamado para encargar tres completos y una caja grande de papas, que paso a buscar después de la ducha de la tarde.

En el último lugar de la lista, pero no en el corazón, hay que hablar sobre la panadería de la esquina opuesta a los XL, atendida por una señora tan dulce como los pasteles que vende (no suelo consumir azúcar, pero esos tientan demasiado). El lugar es de aquellos donde no puedes ir cuando estás cansado o con poco tiempo, porque fijo que te quedas hablando un buen rato, en especial cuando no has ido en meses. Obvio que me compro unos batidos para el desayuno o la once, pero la tía no duda en echarme un par de panes con forma de corazón cuando me está recordando que sus hijas tienen la edad suficiente para salir conmigo. Como ven, hay Placeres por todo Placeres.



La Chorrillana Victoriosa.
'La Plaza de la Victoria es un centro social' reza la conocida canción "La Joya del Pacífico", e incluso décadas después de ser escrita aún es así. Antes la veía como un simple lugar de paso, pero ahora no dudo en detenerme cada vez que ando por ahí y es que por ella deambulan todos los estereotipos del homo chilensis, teñidos todos con las particulares características del porteño. Siendo un especial lugar de reunión, no sorprende entonces que a la sombra de sus árboles haya sido convocada la multitud que celebró la muerte del dictador, porque incluso en la ausencia de un motivo llegan las familias a disfrutar de su belleza y sus juegos.

A pocas cuadras de ahí se encuentra otro lugar de reunión que ya es conocido por personas de todo el mundo: el JCruz. Escondido en un estrecho y poco higiénico pasaje, esta picada ofrece a porteños y turistas un ambiente relajado a pesar del poco espacio que existe para moverse dentro de ella. Sus paredes y estanterías están atiborradas de objetos que le dan un aspecto demasiado kitsch para cualquier minimalista, incluyendo fotos de sus visitantes y rayados en las paredes, los manteles y los baños.

Desconozco las razones que llevaron a la fama a este lugar, pero no me sorprende que en cada una de mis visitas aparezca un extranjero. Incluso una vez me vi rodeado de dos belgas y cuatro mexicanos que buscaban un lugar típico para comer en el puerto, así que no podía llevarlos a otra parte. Ellos esperaban encontrar pescados o mariscos, pero la cocina del JCruz tiene una especialidad que ha sido imitada mas nunca igualada y me refiero, por supuesto, a la chorrillana. Generoso y tan atiborrado como las paredes que lo observan, este plato se aparece como una pesadilla a quienes buscan mantener la línea. Una bomba frita de sabor simple, pero sabroso.

Tanto la Plaza Victoria como el JCruz son imperdibles en mis visitas, y aunque genralmente llego caminando desde mi casa no hay forma de devolverme a ella más que en una micro luego de llenarme con una chorrillana.



Llego/Parto.
Renacer y resignarse tienen como partida un solo lugar: el rodoviario. En la alegría del arribo o en la tristeza de la despedida las calles que rodean al terminal de buses merecen ser visitadas, incluso de noche. Fuera de la interesante Congreso Nacional (interesante, no atractiva) nunca es malo darse una vuelta, ya que no sabes si andará por ahí el diputado o senador de tu lugar de origen -personalmente me he encontrado un par de veces con Álvaro Escobar-, dándote la oportunidad de recriminarlo o felicitarlo por su labor.

Otro lugar que resulta interesante es el mercado, en cuyo primer piso puedes encontrar desde muy temprano y hasta la noche todo tipo de productos comestibles a precios razonables. Infaltable es poder negociar el precio si andas corto de fondos, y es que dentro de sus estrechos pasajes vuelves a ese Chile que tanto se extraña en los malls y supermercados. El segundo piso es un mundo diferente, más ordenado aunque no por eso menos interesante, lleno de restaurantes que nos alejan del impersonal mundo de los food courts. Mientras caminas te van ofreciendo las típicas comidas chilenas a precios que no asfixian la billetera y en cuanto te sientas a comer te tratan como rey, al punto que incluso mi voraz apetito pudo verse saciado con un mariscal.

Los fines de semana se presenta otra alternativa para los cachureros, y es que junto a la tradicional feria de frutas y verduras se instala a lo largo de Avenida Argentina el comercio informalísimo de aquellas cosas que ya es imposible encontrar. Artesanía, ropa, revistas viejas, cassettes, vinilos y hasta ataris he podido encontrar mientras camino por ahí.

Finalmente, y rompiendo con la armonía como es su costumbre, Paulmann instaló un Jumbo y sus agregados -Almacenes París, Easy- a las faldas del Cerro Barón. Si alguno de mis lectores es neoliberal y neocapitalista podrá encontrar en el lugar formas de saciar su hambre de "ofertas". Personalmente sólo me verán ahí si suben al mirador.



Desde la Plaza Sotomayor.
Vivo está aún el 'Carlos, se está quemando Valparaíso' que me despertó abruptamente el 3 de febrero pasado. La columna de humo que, como era de esperarse, no compitió contra la frivolidad de las playas de Viña provenía del casco histórico, a sólo cuadras del Muelle Prat. El recuerdo de aquellas ocasiones en que el puerto se ha levantado a pesar del dolor era mi único consuelo esa mañana.

La Plaza Sotomayor es una explanada de cemento que se extiende frente al edificio de la Armada. En ella se reúnen los 21 de mayo las autoridades para recordar a los caídos en el Combate Naval de Iquique y cientos de familias el 31 de diciembre para esperar los fuegos artificiales de Año Nuevo, pero para mí es punto de partida hacia tres lugares específicos. Junto al edificio de la Armada, el Ascensor El Peral me lleva hacia el colorido del Cerro Alegre, en cuyas calles he dejado tirado a más de un "turista" que ha querido seguirme el paso.

Al final de la plaza se inicia el Muelle Prat, donde se ofrecen viajes por la bahía. En ese mismo lugar existe una feria artesanal donde uno se puede ir a reír ante los precios que los comerciantes establecen para los turistas nacionales y extranjeros por cosas que en Pedro Montt o Avenida Argentina pueden encontrarse a la mitad o incluso menos. También es un buen sitio para conocer extranjeras si tienes buen manejo de idiomas y estás dispuesto a guiarlas por la ciudad.

A unas cuadras de la Plaza Sotomayor (pasando por el lugar del incendio) está el Ascensor Artillería, desde donde se puede acceder al Paseo 21 de Mayo y al Museo Naval, pero mi preferencia es para el primero. La vista desde ahí -y ya desde el ascensor, la verdad- permite apreciar la bahía, por lo que es un lugar privilegiado para ver la llegada de los cruceros si llegas temprano y conocer turistas si te quedas. Cuando no anda mucha gente te puedes quedar un rato en el mirador, en especial si andas acompañado porque entre el mar y la arquitectura del lugar te dan un perfecto escenario romántico a toda hora del día.



Locales en todo en Chile.
La última mención es para el Estadio ChileDeportes, más conocido como Playa Ancha. Está a 25 minutos en micro desde la casa y sus alrededores te dan una vista panorámica de la ciudad, así que no sólo es una visita posible cuando jugamos allá. La verdad es que es bastante rústico el lugar, incluyendo el servicio de cóctel de tribuna que le lleva pernil palta, cigarrillos argentinos de contrabando y galletas Nik, así que si compras entrada ahí en lugar de galería no te sorprenda que tengas que sacar por tu propios medios una de las sillas rojas de terraza e instalarla donde más te acomode.

A pesar del aprecio de la gente de Wanderers por su equipo, no me ha tocado ver el codo norte lleno, pero sí el sur. ¿Qué se puede esperar, si somos locales en todo Chile? Ah, anda abrigado porque corre harto viento en todo momento.

Wednesday, October 10, 2007

Tuesday's gone (bailando con la fea)

Lo logró...

No sé cómo es que siempre lo logra...

Por el momento sólo puedo decir que actúa de una manera totalmente ajena a mi entendimiento, sorprendiéndome aún cómo es que de una forma u otra la primavera termina encamándome (prefiero la otra forma, la verdad). Y bueno, obvio que va una pequeña reseña de lo que ha pasado.

Había tenido la suerte de mantenerme este año libre de enfermedades, a excepción de aquellas con las que vivo. Por este mismo motivo ya estaba preparándome para pasar a través de la temporada de alergias lo más ileso posible, pero ni eso pudo salvarme ante mi propia negligencia.

Al comenzar la semana pasada estaba agotadísimo, con demasiadas cosas en la cabeza y varias horas menos de sueño. Con un dolor de cabeza terrible, el martes pasado el cuerpo me dijo 'ya no más' y terminé cayéndome todo el camino de vuelta a la casa por el agotamiento. Por supuesto también me bajaron las defensas, así que hasta ahí no más llegué con la salud.

Como resultado empecé esta semana bailando con la fea, con el cuerpo cortado, alergia, mareos y, para rematar, una infección a la garganta. Nada que hacer, se me fue el martes entre doctores, remedios y un reposo que no es tal.

Lo logró...

Maldita primavera, me ganó nuevamente...